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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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viernes, agosto 25, 2006

Piropeando...(De jardines floridos y otras yerbas)

Las ciudades grandes, en esa alienación tan marxista, han perdido la gracia del piropo. No el piropo burdo, el dicho por el obrero del andamio o por el borracho de la esquina. No el piropo de “mamita, quién te disfruta”, alargando el mamita con la tonada cordobesa. No, yo hablo del piropo fino, del que ensancha la sonrisa, del cursi.
Por eso es que acá, en Córdoba Capital, existió hace bastante tiempo un piropeador de profesión. Se llamaba Fernando Albiero Bertapelle y había venido de un pueblito de la provincia vecina de Santa Fe (no de Italia como creían muchos). Antes de hacerse famoso trabajaba en el viejo bar y confitería “Richmond”, aunque a través de contactos, llegó más tarde a un importante puesto en un club aristocrático, donde empezó a visualizarse su figura. Así fue que a la salida del club se paseaba por las calles de la ciudad vestido de etiqueta, con un pequeño ramito de flores en su solapa y un lustroso bastón cuya empuñadura era una bola de billar legítima de marfil, adminículo que le ocasionaría varios inconvenientes en su pintoresca vida, cuando se le salía del madero.
Con el tiempo se lo fue individualizando con mayor nitidez, porque agregó a su atuendo "un florido lenguaje", cuando se dirigía en especial a las damas de la docta y fua ahí cuando su nombre de pila, aún para sus allegados, pasó a ser: “Ventanita Florida” (titulo de un tango-canción) por el apelativo de “Jardín Florido”, que finalmente le queda hasta su desaparición.
En sus ratos libres se dedicaba en la peatonal de Córdoba a “piropear” a las mujeres, pero sus elogios eran de tanta calidad y sin expresiones groseras, que siempre fueron bien recibidos
Luego, tras otros trabajos, llegó a comprarse un automóvil “Packard” que muchos aseguraban, había sido de Gardel, (cosa que no es cierto, según busqué, porque el auto del cantor, réplica del de Florido, había sido comprado por un vecino de Alta Córdoba). Al auto le puso floreros en los costados, a los que no dejaba nunca de ponerle flores.
Con 88 abriles en su corazón, pasó a ser un mito en la Capital el 10 de julio de 1968. Hoy sus restos descansan en un panteón del Cementerio San Jerónimo y hay una placa que lo recuerda.

"Con su paso altanero se acerca un viejecito
que guarda veinte abriles dentro del corazón,
¿quién no lo conoce? ahí va Jardín Florido,
en el ojal prendido su infaltable clavel.
El piropo elegante que el caballero brinda
a la cordobesita que acaba de pasar,
la niña se da vuelta y esboza una sonrisa
que es como una caricia para el galán de ley.
Galantería fina, piropos respetuosos,
quedaron en el aire del centro cordobés
y un clavelito blanco se fue rumbo al olvido,
murió Jardín Florido, Caballero de Ley... "
Caballero de Ley (vals criollo) Raul F. Montachini

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