domingo, marzo 05, 2006

Desde que se fue, nunca más volvió... (Ya no hay fábulas en la ciudad de la furia)

"El mundo que yo conocía no existe más"... sentenció mi abuela en el verano de 2003, cuando a sus 94 años daba uno de sus últimos paseos y descubrió que el subte comenzaba a llegar a su Parque Patricios; yo siempre pensé que en ese momento ella (que ya lo había logrado todo en la vida) decidió apagar la luz y se fue... Todos conocemos esa que por las cosas del progreso al Puente Alsina de un zarpazo la avenida lo alcanzó y el suburbio se resignó: es el juego de las megalópolis como la nuestra. En ese juego hay altas y bajas; de las altas y sus transformaciones (para bien o mal), nos ocuparemos en una próxima entrada; las bajas de este proceso evolutivo las evocamos aquí, para reflexionar los por qué y para pensar un poco en algo de los que nos pasó y cuanto nos marcó...


Lavalle en su esplendor. La muerte de la vida que caracterizó a esta arteria céntrica, no va necesariamente de la mano de la llegada del VHS como un electrodoméstico masivo, no: Lavalle era mucho más que eso. Lavalle era esa sensación de centro y esparcimiento en las serpenteantes columnas humanas que se entrecruzaban cuando había recambio de funciones en las salas; era el esplendor de las mismas, el tamaño del Atlas, la majestuosidad del Ocean, las butacas de pana celeste del Normandie...; Lavalle era sus disquerías, sus asadores, sus casas de novedades, la máquina de radiofotos, las tiendas de souvenires, los desfiles de Rigard's (aunque sea pa la cachada); Lavalle era ese lugar escogido por su originalidad: la "Escalerita" por ejemplo y sus famosos sandwiches de miga... Lavalle era la salida, que culminaba con una despreocupada caminata hasta el bajo a tomar vacío el bondi, o con una romántica salida por Florida hacia la Plaza San Martín... el centro no era aún un lugar sórdido y peligroso; la miseria no avergonzaba al hábito de la diversión; el mundo en Buenos Aires parecía -al menos desde un punto de vista un poco frívolo- un poco más justo. En la foto, todavía no es peatonal.
Capicúa, pingüinito, sumar los números para hallar la inicial de la amada/o desconocida/o, colección para forrar carpetas... mariposas milticolor que se fueron para no volver: el primero lo cortó la línea 25 y el último también: los gaitas con tal de no poner la guita para las máquinas, resignaron la concesión...

Le dió un significante nuevo a la palabra portátil... la radio Spika, llegada de Suecia con la novedad que el transistor le dió a su tamaño, cuchicheó durante muchos años los sucesos más importantes en los oidos de miles de porteños... cómo olvidar el olor de esa funda de cuerina y la grasitud que le juntaba. Había comenzado una revolución, que recién hoy está tomando impulso y pronto se va a desbocar: la de las comunicaciones.
El fulgor de un sueño, una de las tantas chantadas-hito de la ciudad y del país: la ciudad deportiva de Boca Juniors; un proyecto de vanguardia, aquí en su fugaz esplendor...

El "Twister"; "La gruta de los fantasmas"... ah, qué vacío el del Ital Park ¡Por qué será que ni el Parque de la Costa, ni el Parque de la Ciudad lo pueden llenar?; ¿acaso será porque estos extremos de las posibilidades de nuestro espectro social no tienen la ecuanimidad de una época más justa para niños y no tan niños, cuando divertirse un poco no era un lujo, ni una aventura peligrosa?

Dos ausencias fuertes sobre los empedrados porteños: la garita del cana de tránsito y los postes con las catenarias del tranvía; aquí en la avenida Alte. Brown de La Boca, hace ya muchas décadas.

La muerte del río... tema revelador del carácter de la ciudad de la furia para la gente del
Comando Norma Aleandro; es verdad, estas escalinatas están hoy tapadas por la estancada laguna-basural de esa extraña "reserva ecológica" que nos privó del paisaje autóctono, inventando uno que debe haber existido en la edad de piedra...

La confitería de la terraza de aeroparque y sus mesitas... todo que ver: el río era nuestro, la aviación, ese milagro cotidiano que nos permitía soñar como Cipriano en "La Isla Desierta" de Roberto Arlt (a falta de barcos...); la costanera, postal porteña que ya no es.

Esa hermosa obra arquitectónica que hoy reza "Museo de Telecomunicaciones" (lo podrían haber puesto en tantos lados que sí tienen que ver, empezando por el edificio fantasma de Encotel, en Puerto Nuevo), se inauguró como una Munich en 1927 y fue un lugar de encuentro, risas y frescos atardeceres bajo sus glorietas, mientras en río tuvo vida... hoy languidece bajo las monstruosas torres de Puerto Madero, en la costanera sur.

Y sí, la muerte del río marcó el fin de rituales que la mayoría de los que hoy habitamos Baires no conocimos y vamos a buscar nuestra identidad kilómetros campo adentro...

Saint Tropez, ayer nomás, cuando sonaba Moris, La Balsa, Los Gatos, Vox dei, Manal...
"... Ayer nomás, pensaba yo que algún día..."

sábado, marzo 04, 2006

Empedrados que parecen pero no son (o que no fueron)



Buenos Aires está lleno de lugares que parecen otra cosa, que se conocen como otra cosa, o que fueron algo totalmente distinto a lo que son. Algunas transformaciones las hemos visto, otras las conocemos de oído o por fotos, otras las ignoramos. Veamos entonces algunas de ellas.

Así conocida y publicitada, la casa mínima se encuentra en San Telmo, en la calle San Lorenzo 380, casi llegando a Defensa, al lado del restaurant de la esquina. Se dice que fue la casa concedida a un esclavo o liberto por su amo para formar su familia y vivir con mayor comodidad. Curiosa forma de llamar a un sucucho que tendría unos 2,50 mts. de ancho por 13 mts. de largo. En esa mansión la distribución de los ambientes sería la siguiente: Un entrepiso de tablones sobre la única puerta, sería un cómodo dormitorio (el de todos los habitantes); en la planta baja, una mesa y algunas sillas viejas (si el amo tuvo ganas de regalarlas) y un brasero o fogón. De todas formas he conocido monoambientes en barrio norte menos espaciosos.
La verdad es que nada de esto es cierto. La puerta que se ve es la vieja entrada lateral de uno de los dos conventillos contiguos que ocupaban el terreno del restaurant y de la suso dicha casa mínima que no es otra cosa que una parte del mismo terreno (aún hoy pertenecen al mismo dueño). Lo que se dice una fachada (literalmente).

Para saber más, click sobre el título.
Si hay alguien que sabe qué hay debajo del suelo que pisamos cada día ese es
Daniel Schávelzon: "Arqueología de Buenos Aires" Emecé. 1999. Éste sabe la posta.



Parque Los Andes - Chacarita


Conocido como Cementerio del Oeste por mucho tiempo, este parque, en el que confraternizan los habitantes de Chacarita de los Colegiales, Villa Crespo(cruzando las vías) y muchos transeuntes diarios u ocasionales, fue el último destino de las víctimas de la fiebre amarilla de 1870. Años después, la necrópolis se trasladaría a su actual emplazamiento. También fue el último servicio que cumpliría la famosa máquina de tren La Porteña. El convoy constaba de la famosa máquina, seguido de tres vagones abiertos de los que se usaban para llebar el carbón que alimentaba la caldera de la máquina. El primero llevaba el indispensable combustible, los otros estaban llenos de cuerpos y tapados con lonas. La gente que vivía cercana a las vías o la que se cruzaba por casualidad con tan dramático y nauseabundo espectáculo se tapaba la cara con lo que tuviera a mano o huía despavorida para evitar el contagio. El inglés que la conducía(como no podía ser de otra manera en aquella época), murió víctima de la misma peste que llevaba y traía cada día, al igual que dos fogoneros. La fiebre amarilla se cobró cerca de 14.000 vidas, de las cuales 9.000 apróx. eran inmigrantes que vivían en conventillos asquerosos como el que había en el Zanjón de Defensa. La mayoría de esos 9.000 eran italianos y no se parecían en nada a los anglosajones que nuestros gobernantes pretendían.

El lugar fue transformado a fines del SXIX en parque y la necrópolis desplazada a su actual ubicación. Por allí pasó una de las dos fuentes mellizas que adornan sendas plazoletas en la Av. 9 de Julio y Av. Córdoba. Allí se encuentra una escultura llamada "Los Andes" cuya representación consta de tres aborígenes; un ona, un araucano y un calchaquí, alegorías de la Patagonia, los Andes y el NOA.

Si el silencio y la quietud de los cementerios hace que los difuntos descansen en paz, los que allí fueron enterrados no descansan hace ya muchísimos años; el subte, Corrientes, Dorrego y los bondis; la feria, los chicos, los novios, los que están de paso. Ese lugar tiene de todo menos silencio y quietud. Ya están advertidos, nunca viajen solos en el subte B entre las estaciones Dorrego y F.Lacroze, pudieran encontrarse con el espectro del inglés maquinista que estraña los trenes.

Continuará...

jueves, marzo 02, 2006

Caras y Caretas: (Fauna Depredadora)

Hoy presentamos:
GALERIA DEL HORROR
(Sangre, Sudor, Lágrimas para nuestros Empedrados)
Señores: algunas de las plagas que azotaron al país





Bartolo y El Zorro, dos piezas claves de la Argentina que supimos conseguir; el primero, responsable de muchas de las matanzas fraticidas del S XIX, además de masacres entre el hermano pueblo paraguayo, haciéndole de cipayos a los ingleses; el segundo, uno de nuestros más ilustres genocidas e insaciable depredador económico, que colocó en la Rosada al Menem de cien años antes: Juárez Celman, su cuñadito...


Videla y Harguindeguy... no sé qué agregar.



La plaga del '76: los genocidas mayores del SXX


No los imaginó ni Narciso Ibáñez Menta en sus sueños más perversos...


Los sicarios responden a su propio sadismo y a los ideólogos de la miseria y el exterminio. (Golpes, droga y rock´n roll)


Balada para locos, borrachos y cobardes...


Este señor tan entorchado y con esa cara de reverendo hijo de puta, fue presidente de la Nación; pero también fue presidente del Senado y pPresidente de la Corte suprema de Justicia; legó desde cada institución, algunos de los decretos, leyes, medidas y sanciones más viles y apátridas de nuestra historia; claro, nuestros abuelos no eran la inmigración que habían soñado... pero ellos ¿eran anglosajones? ¿O más bien sobras bastardas de una colonia depredadora?


Este caballero, trae la sangre del expoliador y el vaciador en las venas, ya presentaremos a algunos de sus ilusres ancestros en otras galerías... arquitecto de la administración del orden de la destrucción argentina, sobre la sangre de una generación.


Si los genocidas llegan de facto o fraude al poder; cuando los genocidas (por hambre, miseria y desesperación) son legitimados en la imbecilidad o miserabilidad de la democracia formal, entonces no hay genocidio... hay suicidio. No son Lon Chaney y Boris Carloff en "El hombre lobo y Frankenstein"; son el "Pelado" y el "Simio" (perá que me agarro lo huevo)

Caras y Caretas (Flora y Fauna de estos Empedrados)

Queridos amigos, nuestra nueva sección tendrá distintas apariciones: "Hall de la Gloria", "Museo de Cera", "Galería del horror", "Caretas y Caretones"; ¡Que la disfruten!, la idea es ejercitar la memoria (para lo bueno y lo malo), sorprenderse y divertirse.

Hoy presentamos:
MASCARONES DEL BALOMPIE

El "Nene" Sanfilippo y el "artillero" Luisito Artime; estos son más viejos que las figuritas "King Kong"



El dolape Carlitos "Crosty" Bianchi; más de 320 goles. El canillita de Villa Luro...


La "Oveja" Telch: un crack, los matadores, la selección y encima tan fiero que a esta ovejita no se la morfó el "Bambi" en las duchas ¡Que dribbling!¡Que cintura!


El "Enzo", un mosquito que picó pa siempre los corazones de Nuñez...


El "Mono", eterno, un carnaval de color en la Boca, lo suficientemente grande para que no se extrañara al loco; lo suficientemente señor para ganarse el cariño de propios y ajenos.



De antología: el "Mono" (el otro), le da carnet de Embajador Honorario a la Diega, para el Mundial del '90... ¡al mango por la línea blanca!

martes, febrero 28, 2006

Piedras Muertas II (Gritos de empedrados lejanos)

La ciudad gris
Los ojos de Susan son de un azul profundo. Son ojos grandes, que afectan inocencia. Fijos, hipnotizados; hoy, meros espejos. Las largas pestañas que los enmarcan, sacuden nerviosamente el polvillo gris que las cubre tanto como a sus pobladas cejas. Es ese mismo polvillo, el que delata los surcos que en su frente talla la angustia. En los espejos celestes, estallan luces verdes, rojas y azules; se cruzan sombras ansiosas que, en monocromía gris uniforme, dejan la impronta de su paso por las retinas acuosas, congestionadas, que apenas contienen el llanto.
Susan está parada sobre el cordón de la acera gris cemento. Los puños cerrados con fuerza, se crispan sobre la tela de jean de sus pantalones. Como parte de la escenografía de una superproducción, se yergue inmóvil y tiesa cuan alta es, sumida en el anonimato dictatorial de la sucia capa gris, que todo lo vela, que a todo desdibuja: árboles, automóviles, marquesinas, plazas, hombres, patrullas, autobombas... Susan, como la mujer de Lot, es una estatua de sal. En esa encrucijada donde la sorprendió el siglo veintiuno hay, sobre sus paradójicos cabellos rubio ceniza, un cartel indicador, que hasta hace unos minutos delataba una esquina de Manhattan sur.

Un hombre atónito mira a Susan. Desde el destrozado ventanal de un despacho del tercer piso, trata de ensamblar percepciones: la muchacha petrificada que mira las ambulancias atascadas; los paramédicos que, corriendo en todas las direcciones atajan a zombies grises que caminan sin rumbo sensato; los gritos casi histéricos de la policía que con urgencia compele a todos a circular, sin saber bien hacia donde; las figuras que surgen reptando bajo los ruinosos vehículos; la sangre que densa, baja desde su cuero cabelludo abriendo brecha sobre sus polvorientas facciones... alza entonces su vista al gris antiguo del condominio del otro lado de la calle y ve el torso del joven que, en la terraza, se toma la cabeza. La sangre se cuela entre el pómulo y la aleta de su nariz y alcanza su labio: tiene un sabor metálico, es densa como el aire que respira, espesa como su aturdimiento.


En el edificio de enfrente, de humildes ocho pisos, un estudiante se abrió paso a la azotea y la historia le regala imágenes dignas del Dante. Cuando la Torre Norte cae de rodillas frente al mundo, lo hace con la parsimoniosa dignidad de un peso pesado, y su antena – asta, saluda ondulante en la ordalía de un final wagneriano: carmesí de explosiones, negro luto de humo espeso; lanzando al olvido el gris claro de su apatía arquitectónica. El muchacho se toma la cabeza, que le da vueltas en confusión y, boquiabierto, descubre al hombre gris que sangra allá abajo, en la ventana del edificio de la acera de enfrente y le interroga con una cara sin expresión. Mira hacia abajo y grita su advertencia a una audiencia diminuta, que no se recupera de la muerte de la primera hermana; es más, comprende que posiblemente no lo saben aún. Solo buscan su voz dos pequeños rostros allá abajo: óvalos gris claro sobre el fondo gris ceniza que ocultó el gris del asfalto. La muchacha junto a la ochava gira su cuello sin mover el cuerpo; el bombero que casco en mano, se ha sentado en el cordón de enfrente, alza su vista, su estupor y confusión. El estudiante rompe el encantamiento y se sumerge tras el parapeto gris: casi lo sorprende la llegada de la nube expansiva. Tose y se ahoga en la asquerosa humedad del polvo de escombros.


Huele a gas y a algún empalagoso combustible aromático. Llega un calor fétido y nauseabundo. Recorriendo a tientas la terraza en busca de la salida, encuentra una canilla; moja un pañuelo, se tapa con él la boca, las fosas nasales y regresa al borde. Las calles han desaparecido bajo la nube gris-blancuzca que se aposenta y se adueña de vivos y muertos. El sol se eclipsa de dolor. Oye al helicóptero que no ve, mientras atraviesa el cielo por sobre el sucio soplo que amortaja la ciudad gris, hoy más fría e impiadosa que nunca... casi muerta.












La ciudad gris, fría y despiadada, tuvo su día de muerte... La ciudad gris, víctima, era el símbolo del victimario lapidario; una secuencia de tres fotos entre las miles de los sites que, como en los links que pongo al pie, aparecieron; me animaron a narrar sobre empedrados que no han hollado mis pies...


Archivos fotográficos de 911 New York
Noticias del 11 de Septiembre

sábado, febrero 25, 2006

Gritos de Piedra I




Como manos, garras, estiletes o dagas; como flores, hiedras, celosías o pasiones; la ciudad se proyecta desde sus cimientos y los empedrados elevan su grito, su clamor desesperado por testimoniar, pertenecer, permanecer, prevalecer... en el bosque de granito, todos pujan por llegar al sol: La Reina del Plata, ciudad prolífica si las hay, nos brinda espectáculos sobrecogedores en esquinas insospechadas, hay aquí algo de su arte, de su estilo, y de la pasión, locura, demencia o mediocridad de los que lo crearon... ¡Pasen y Vean!


En 1935 y, como proyecto del Diputado Alfredo Palacios, se comienza la construcción de lo que iba a ser un gran Centro de Hospitalización de Tuberculosos. Se eligió la Av. Cárdenas en Mataderos, muy despoblado en esa época y, aún hoy, más de 70 años después, sigue siendo la edificación más preeminente de la zona. Contraste de crecimiento y caída; desarrollo y saqueo; opulencia de un estado muerto y brutal actualidad de una sociedad arruinada... Hoy, señorea sobre Ciudad Oculta y, mientras se convierte en un nuevo albergue Warnes, tiene una salita sanitaria donde algunos héroes de la medicina (en la planta baja) tienen montado un verdadero hospital de campaña. Quizás alguien se ilumine y se convierta en el Nuevo Salaberry (más piedras muertas)... y que no me vengan con boludeces de estructura, que cuando hay guita de por medio... basta ver cómo convirtieron al edificio de La Nación en el Bouchard Plaza, o mejor aún, las torres gemelas de Villa Luro, en Donizetti y Av. Rivadavia: más de 30 pisos de hormigón perlado y abandonado, sin tocar ni revestir y sufriendo la misma intemperie por casi 40 años, para eso existen estructuralistas, calculistas, vamos eh!...






La ciudad de la furia no se detuvo ante ningún absurdo: Racing e Independiente, dos rivales, un barrio -Avellaneda- y dos estadios de cemento para mucho más de 55.000 espectadores, separados por 200 metros!! (En la foto, de 1949, se está construyendo el de Racing y al de independiente le falta la tribuna Cordero todavía)... Un despropósito de las pasiones encontradas. Hoy en la cancha de la doble visera entran unos 59.000 espectadores y en el Cilindro de la Academia más de 70.000... desmesura.


Esquina de Perú y Belgrano, un edificio nos sorprende y deslumbra con la altura (para su época), sus cúpulas gemelas, sus líneas inquietantes, de un trabajo pocas veces visto en la ciudad, es el Otto Wulf, joya del art noveau plasmada por un arquitecto danés. Terminado en 1912 y conocido en Monserrat como "La Virreina" (a la derecha, detalle); su primer propietario fue el magnate y armador naviero Nicolás Mihanovich. Hoy pese a su gran deterioro y abandono, electriza la presencia de sus 10 plantas (equivalentes a más de 16 pisos modernos) y sus castigadas cúpulas; transmiten un siniestro magnetismo que atraviesa el tiempo y lo mineral (Debajo, planta por ambas calles)





En la cumbre del art noveau, con sus detalles barrocos y renacentistas, el Palacio Barolo sobre el célebre pasaje homónimo que une Av. de Mayo con Irigoyen, es uno de los hitos arquitectónicos más hermosos de Buenos Aires; sus pisos, cada uno representando la obra de Dante, terminan rematados en un faro que, junto con el del City Hotel (hoy derl grupo NH), fueron luces que resplandecían en el horizonte del Plata, cual brújulas mágicas que atraían a la ciudad insomne, palpitante. Arriba inquietante vista en un día gris, abajo, detalle de buhardillas, pizarras y cornisas.


El Kavanagh, (centro, abajo) el coloso de la barranca. En una ciudad donde el art-decó ha hallado tantas expresiones bellas en arquitectura: el edificio Safico, el Transrradio, el teatro Opera, el Gran Rex, decenas de edificios como los de Callao al 500... encuentra en él a su obra cumbre Durante décadas fue el punto culminante de Buenos Aires y el rascacielos en cemento y hormigón más importante de Latinoamérica, digno de erguirse en cualquier esquina de Manhattan. Pero su línea y elegancia sólo condecían con La Reina del Plata y señorearon en Retiro por años...

Hoy todavía conmocionan a la vista la elegancia de sus aristas, la osadía de su diseño, su clase y estilo... retadores continuos de los mejores paladares a la hora de decidir por la exquisitez en la construcción porteña.
(Abajo derecha, remate de sus pisos superiores vistos desde Plaza San Martín).


El "Alas" (al pie, derecha). Mítico señor de las alturas porteñas hasta la década de los noventa (posiblemente el reinado más largo), solo superado en los ochenta por una estructura (la torre de Interama), no por un edificio. El largo y delgado rascacielos, combina estertores del art decó con ciertas características de la arquitectura monumentalista o neoclacisista, una de las líneas de edificación durante el temprano peronismo (junto con el "chalet californiano" y los primeros monoblocks). Plagado de leyendas, como los supuestos túneles que desde su bunker llevaron a Perón a la cañonera "Paraguay" cuando fue derrocado; fue el primer edificio porteño en superar los 40 pisos y durante mucho tiempo lo coronó la antena de un canal de televisión abierta.

El primer gran shopping de la argentina, sentó sus reales en el corazón de Palermo viejo clásico, todos sabemos a cuál nos referimos; la fisonomía de este confín de Barrio Norte (que en realidad da su nombre a zonas de Retiro, Recoleta y Palermo), cambió dramáticamente y, dominando con su agresivo poerfil del siglo XXI y sus agujas estilizadas, las esclusivas torres del Alto Palermo Plaza, observan sus dominios desde la plaza Las Heras hasta los confines del río (debajo, derecha).


Catalinas Norte. Bosque de vidrio, acero y cristal; el salto de la metrópolis conservadora y dormida a la megalópolis cosmopolíta, vibrante de hoy. Hacia principios de los setenta, marcaron -casi sin proponérselo-, el divorcio definitivo con el río: la ciudad, cerró su horizonte y el sol se elevaría sobre los ventanales que de reojo atisban las aguas color león. El pujante polo financiero corporativo, se iba a replicar en innumerables torres en la década del los '90 (el Fortabat, el edificio de Pelli para Telefónica, el de Telecom...) y sobre Puerto Madero y sus diques en el primer lustro del siglo XXI. En las fotos, amanece contra el azul de cristal del edificio Boston o Catalinas II y el marrón de Heidycril (izquierda)
del Techint o Catalinas I, se perfilan el de IBM y las Torres Consultatio. (derecha)



La mole de Le Park (140 mts. casi 60 pisos), es un exclusivo y reservado refugio para adinerados conciudadanos que decidieron habitar los lares de Palermo (debajo, centro: su preeminencia vista desde la distancia de Costanera Norte, a la altura del Club de Pescadores). Su silueta, que empequeñece cuanto la rodea, es omnipresente: desde aeroparque, desde los bosques de Palermo, desde Villa Crespo, desde los confines de Belgrano... Sinónimo de la opulencia de la que disfrutaron unos pocos durante los '90, la nómina de su consorcio se plaga de nombres de la farándula más selecta, de notorios corruptos y de poderosos financistas; de un estilo totalmente funcionalista, discute con las torres El Faro, el podio de techo de Buenos Aires (hasta que don Franco Macri termine sus torrecillas en la Costanera Sur...)



Sin embargo, el punto culminante está en el sur de la ciudad, porque el sur también existe... Efectivamente, con los 215 mts. que con su antena alcanza la Torre Espacial del Parque de la Ciudad, es -pese a estar en los terrenos más bajos de la Capital-, su punto culminante; con una altura (en su observatorio) equivalente a un moderno edificio de 70 pisos. Un lugar clave para comprender la magnitud de este estilete porteño, es la intersección de Rivadavia y San Pedrito: mirando hacia el sur en esta encrucijada de Flores, se aprecia, en una perspectiva real por la distancia, el señorío de esta estructura. (Debajo, derecha)

Como un chichón de otro mundo, tal como correspondía, el Planetario Galileo Galilei fue inaugurado a principios de los '70, cuando rugían aún los Saturno V que impulsaban a las naves Apolo. Esta hermosa expresión arquitectónica es aún hoy de visita obligatoria, para solazo y asombro de grandes y chicos. (Debajo, izquierda)














Por último, nuestro inmanente símbolo fálico: El Obelisco (aunque qué raro, si lo metimos en la "más ancha del mundo", ¿por qué no fue el más "groso" del mundo?; claro, después viajás a Washington y te das cuenta por qué los yankis nos rompen el culo, ¡eso es un obelisco!); muchos sabemos que se inauguró en 1936, cuando se ensanchada Corrientes, cuando se tiraba todo a la mierda (cuando no) para hacer la Diagonal Norte; cuando se terminaban de construir tres líneas de subte a la vez (hecho que no se repetirá hasta nuestros días); lo que pocos saben, es la cantidad de querellas que la intendencia de entonces tuvo que enfrentar (por antiestético, peligroso, obseno, burdo, etc.) seriamente en los juzgados y que pretendían su demolición aún después de finalizado... El motivo de su estreno, fueron los 400 años de la primera fundación de la ciudad y la plazoleta que lo enmarcó, pasó a la historia como Plaza de la República. De dudoso valor estético, nadie puede discutirle que se ganó un lugar de honor entre las protuberancias con relieves históricos en Baires: desde las ventanitas de su observatorio pusieron fin a sus días unos cuantos saltinbanquis que se quisieron ir al otro mundo sin pasar desapercibidos, lo que llevó a mantener cerrado su acceso durante años (hoy es por el vandalismo); desde su punta se tendió una cuerda floja al Colón, para que unos alemanes del tomate hicieran acrobacias para un público ávido de caídas; en un curioso ritual, que se podría decir comenzó con las celebraciones de la obtención del infame mundial '78 al grito gil de "el que no salta es un holandés", a su sombra se celebraron campeonatos mundiales, continentales y vernáculos; su silueta hizo de telón a multitudinarios actos políticos luego del '82, desplazando a Plaza de Mayo en los números; a sus pies se amó, se mató, se destrozó, se afanó (las placas de broce), se quemó (el cajón de Herminio)... se le puso un anillo de chapá circular que decía "el silencio es salud" en los setenta, por ser el punto más ruidoso de la ciudad, se lo disfrazó de arbolito de navidad, se lo cercó con verjas, se lo garabateó con grafitis, ese le colocó un forro de su talla... bajo su ojo ciclópeo se oyeron las promesas de De La Rúa, se corrió más de una maratón, se fotografió a miles en pelotas... Señores hasta aquí nuestros primeros gritos de piedra: hay más.

Clic aquí para maravillarte con las cúpulas más hermosas

La Reina del Plata vista por un pájaro(n)

Hace un tiempo tuve la oportunidad de viajar al sur en avión en un día maravilloso (lo que algunos llamaríamos "un día peronista")...