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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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viernes, abril 28, 2006

Megalópolis: el nido (novela atroz por entregas) Parte IV


I V

A las ocho menos cinco llegó el intendente. Ante el anuncio de Guzmán, Azcuénaga salió a recibirlo y lo condujo hacia la zona afectada
-Huele como la misma mierda – comentó, enfundado en un sobretodo negro y con gafas oscuras.
Observando el abrigo, Azcuénaga recordó que él mismo sentía un frío inusual. Debería estar haciendo los típicos quince o veinte grados de esa hora en las postrimerías de noviembre; pero como mucho la temperatura arañaba los cinco en aquel sitio.
-¿Está todo el parque así? – preguntó Corradi
-Un setenta y cinco por ciento de la superficie
Los distintos grupos de hombres abocados a tareas de inspección y remoción de cenizas, trabajaban sin levantar la vista ni reparar en los funcionarios.
-Ya trabajan los peritos – comentó el administrador
-Vamos a informarnos bien – dijo el intendente y se dirigieron hacia la oficina de operaciones, adyacente a la administración.
Un helicóptero policial, despegando de la cercana escuela de cadetes, comenzó a descri-bir círculos sobre el área.
-Buenos días caballeros – saludó el intendente
En la sala se encontraban los tres ingenieros de la plantilla del parque; el coronel, gerente operativo de Alerta Seguridad S.A; el jefe de personal; el de tesorería; el jefe de capataces con sus encargados de turno; los tres guardias de seguridad y el comisario junto a otros dos oficiales de alta graduación.
-El intendente quiere una exposición rápida de los hechos, tenemos que tomar algunas determinaciones – anunció Azcuénaga
-Si me permiten... – uno de los ingenieros desplegó un croquis y un esquema aéreo del complejo sobre una gran mesa de trabajo. El grupo se acercó.
Tomás Levenssen, ingeniero jefe del parque, iluminó la mesa por su parte inferior para trabajar con la transparencia.
-Quisiera imponerles de cuanto hemos visto y sabemos, pues quiero liberar a mi gente de la reunión- se sentía algo incómodo con su oficina tomada al asalto – No sabemos todavía cuánto tiempo nos va a llevar reacondicionar esto y mis hombres son necesarios allá afuera – levantando la vista de la mesa, miró a los políticos - Ya saben que pasado mañana es ventiocho – agregó
El grupo intercambió miradas. En efecto, ese sábado se inauguraba oficialmente la temporada estival, el nuevo sector de entretenimientos acuáticos, el oceanario y este marco festivo serviría de escenario para el lanzamiento de la campaña de Corradi.
-Tengo a un hombre sacando instantáneas en el helicóptero que puso a nuestra disposición el comisario y puedo observar, por los primeros revelados que me han acercado, que la zona de cenizas abarca todo esto – su dedo trazó una elipse casi perfecta, solo abierta en su base, que quedaba circunscripta en el gran rectángulo que formaba el predio.
-Como pueden apreciar, este elipsoide coincide con el trazado de las vías del pequeño tren que da la vuelta al parque – explicó en tono didáctico. Algunos miraron sin asociar inmediatamente.
-Es que el talud que forma el terraplén, un desnivel que oscila entre dos y cinco metros de altura según el lugar, ha hecho como de contención en apariencia, a la causa que haya generado estos detritos- tenía lógica, pero aún estaban en cero.
El único punto en donde las cenizas han llegado a las lindes mismas del parque, es en los fondos del mismo – con su índice daba todas las referencias sobre el plano – Ahí las vías corren a nivel del terreno y el avance de lo que las produjo se interrumpió por el ancho foso que forma el riacho negro – alcanzó varias fotografías a Corradi
- Ha desaparecido toda la vegetación existente en las zonas afectadas, hasta en las riberas mismas del curso de agua – prosiguió – los mecanismos de los juegos no presentan daños en sus estructuras fundamentales, ni se observan rajaduras en las mamposterías – inspiró profundamente y continuó – Pero me temo que gran parte de las instalaciones eléctricas, sus fundas, conductores, dispositivos testigo de cierta sensibilidad, sistemas de audio y video, tendido telefónico interno y el sistema contraincendios mismos, presentan serias averías.
- ¿El sistema contra incendios no se activó?¿Cómo funciona? – le preguntó Corradi
- No, llamativamente no se activó. Trabaja en base a sensores que detectan tanto una elevación brusca de la temperatura, como asimismo variaciones térmicas en cableados elécticos – el ingeniero guardó silencio unos segundos, como si algo se le estuviera escapando – En fin – dijo por último – solo vamos a poder detectar en su totalidad lo que fue afectado y lo que no cuando terminen su trabajo los peritos policiales y podamos entonces remover las cenizas.
Mientras Levenssen exponía, el ingeniero de mantenimiento, a todas luces su brazo derecho, iba recibiendo papeles garabateados por su gente que a través de Guzmán le hacían llegar desde el interior del parque, donde estaban realizando inspecciones visuales. En un momento determinado, el secretario de Azcuénaga lo llevó aparte y comentaron sobre algo escrito en uno de esos papeles en particular.
- Tomás...- el joven ingeniero tocó el codo de su jefe y acto seguido le tendió la nota. Levenssen leyó brevemente.
- Bueno, esto si que...- se frotó la mejilla con la palma de la mano – realmente no sé que grado de relación pueda haber, pero han tomado nota mis hombres que un boletín de la radio anuncia que un sismo interesó a la ciudad y sus alrededores – observó el papel unos segundos más – sí, acá dice que la estación sismográfica que la Facultad de Ciencias Exactas tiene ubicada unos setenta kilómetros al noroeste, ha detectado un movimiento telúrico de 6.2 de intensidad en la escala de Richter.
- No puede ser, están locos – comentó el ingeniero de operaciones – a menos que el epicentro esté a más de mil kilómetros, nos tendría que haber sacudido de lo lindo
- Quizás fue de una fracción de segundo – dijo Azcuénaga – yo me acuerdo que en el `77... – lo pensó mejor – no, igual se tendría que haber sentido.
Corradi meditaba con la mano en la barbilla
-Acá algo tiene que ver – Levenssen retomó la palabra – porque el epicentro del fenómeno fue en algún punto de esta capital, por lo que consigna esta información y tuvo lugar exactamente a las seis y seis minutos hora local – el ingeniero levanto la vista del papel.


Transcurrieron diez minutos de especulaciones y discusión entre los que estaban en aquella reunión, mientras Corradi se ponía al habla con los responsables universitarios del Instituto Sismológico. Mientras aguardaba la comunicación, el intendente miraba por el ventanal de la oficina de operaciones; ésta se hallaba en el primer piso del edificio que simulando una fortaleza se levantaba transversalmente al acceso principal del parque. En este edificio se agrupaban el con junto de dependencias administrativas y técnicas, distribuídas en dos plantas. La edificación de piedra recreaba un castillo medieval y bajo sus arcos estaban las boleterías, molinetes y oficinas de informes. El frente era un muro continuo con foso y puente levadizo, todos los ventanales ubicados en la parte posterior miraban hacia el interior del parque.
Corradi no se engañaba. Desde donde él estaba se apreciaba el sendero de acceso hasta el puente del terraplén y sobresaliendo por detrás de éste veía montañas rusas, aerosillas,la vuelta al mundo, aerogóndolas... En el sector más próximo, lo único que se podía deducir era que aquella mañana no habían concurrido los jardineros, pero detrás del talud... ¿Quién habría sido el hijo de puta?. Debería tener nombre y apellido y él lo iba a encontrar. Terminó su diálogo telefónico
- Señores – dijo acercándose nuevamente a la mesa donde los hombres debatían – No creo que por el momento la gente del instituto pueda darnos informaciones de más utilidad, dado que todos sus registros fueron tomados por los aparatos durante las horas en que solo hay en sus instalaciones personal de maestranza y seguridad.
- O sea que ellos tampoco sintieron nada – acotó el ingeniero de mantenimiento
-No. Y a diferencia de otras regiones del territorio nacional, esta estación no tiene científicos en forma permanente pues está considerada zona de bajísima actividad sísmica – les informó – por lo tanto me solicitaron unas cuantas horas para hacer interconsultas con otras estaciones y poder avanzar sobre el tema.
Levenssen hablaba en la puerta con un uniformado y miró su reloj
- Intendente, amén de la relación de ese suceso con el que nos ocupa, son ahora las diez y media y me informan los peritos que han concluído su tarea preliminar – se encaminó hacia la puerta seguido de sus ingenieros – quisiera aprovechar la celeridad de esta gen-
te y poner manos a la obra, si me permiten...
- Levenssen – Corradi lo detuvo con un gesto de la mano
-Haga el favor de encargarse que de su gente no surjan trascendidos y que ninguno de sus hombres abandone el parque hasta que hallamos tomado una determinación – luego se volvió hacia el jefe de personal – Satraglia, los que vayan llegando en los distintos turnos que sean asignados a tareas en áreas no afectadas, o bien deles franco; licéncielos so pretexto de algo, no se, lo que se le ocurra – y tocándose las cejas con el pulgar y el medio de la mano izquierda, agregó – serán solo unas horas, hasta que podamos deter
minar qué pasó – el intendente se mostraba seguro capitaneando la delicada situación – cuanto menos sepan, menos daño les hará. Encárguse por favor Guillermo – Satraglia salió rapidamente y tras él, los tres ingenieros.
- Quisiera informarme de las impresiones de los peritos – dijo
- Principal Robacio, por favor – el comisario le hablo auno de los hombres de mameluco azul.
- Les tiro varias observaciones sobre el terreno, sujetas a errores de apreciación – arrancó el perito – Estamos casi en el convencimiento pleno que aquí no hubo llama, incendio premeditado, cortocircuito o agentes incandescentes de ninguna índole.
Se miraron todos con expresión de duda en sus rostros.
- Pero escucheme... - protestó Azcuénaga – yo le aseguro...
Con un gesto el policía le pidió que lo dejase continuar.
- Tampoco estamos diciendo que vino un loco con unas cuantas bolsas y una pala y esparció todas esas cenizas. Es evidente que todo lo que se hallaba en el área afectada sufrió los efectos de una temperatura elevada – el rostro de este oficial evidenciaba la inteligencia y perspicacia del investigador meticuloso – y es justamente eso lo que queremos decir - continuó – acá hubo solamente calor, temperatura y por sus efectos, debe haber durado una fracción de segundo.
Un aire de irrealidad y nerviosismo invadía la estancia, parecía hacer más frío.
- Hemos muestreado... – ahora hablaba pausadamente – hemos tomado muestras de las cenizas en distintos puntos, parece asombrosamente homogénea y casi podría asegurar que el laboratorio no va a encontrar evidencias de que se traten de restos de combustión de ningún material que estuviera presente en esa zonz del complejo, excepción hecha del pasto y el follaje de los árboles, altamente frágiles al calor pero que ni remotamente podrían haber generado semejante volumen de residuos – por momentos parecía confuso.
- Por otra parte, mi experto en siniestros igneos me asegura que no se produjo fuego alguno en ningún sitio del área en cuestión. No aparecen focos extintos como para evidenciar un punto de inicio de llama, ni hay señales características en las instalaciones eléctricas, que en contraste con un cortocircuito, están quemadas de afuera hacia adentro, lo cual descarta un problema en los cableados – caminó hasta un rincón de la oficina y se sirvió café en un vaso de plástico de una máquina expendedora. Mientras bebía continuó su alocución
- Hay zorzales, benteveos y torcazas muertos entre las cenizas, sin notarse lesiones físicas, solo el plumaje afectado por el calor pero sin constituir una lesión fatal. Asimismo patos, cisnes y peces de los lagos han muerto como fulminados... un par de gatos también. Tomamos material de la corteza cristalizada de los árboles y hemos cortado varios trozos de espejo de ese entretenimiento junto a la torre...
- El “Laberinto de Cristal” – apuntó el capataz
-Sí, ese. Resulta que los espejos han sufrido una ozonización sumamente extraña y...
- Conclusiones, oficial – interrumpió el intendente
El policía lo miró fijamente con hostilidad
- Primero: el calor fue súbito; la temperatura pareja en todas partes; brotó del suelo hacia arriba y desde afuera de los objetos hacia adentro. Segundo: las cenizas y estoy casi seguro, no se relacionan con nada existente en el parque. Tercero: la temperatura, elevadísima en sí por su exigua duración esto evidenciado por sus efectos sobre los materiales, no tiene relación con la desaparición de las formas de vida presentes en ese momento y, como les iba a decir en el momento en que me interrumpió el señor intendente – miró en ese instante a Corradi, que seguía imperturbable el curso de sus deducciones – esta es una zona de terrenos bajos, ha sido rellenada por el Cinturón Ecológico Metropo
litano con resaca, tierras negras, escombros, residuos domiciliarios compactados, mucho material orgánico, desechos patológicos... en resumen, humus muy fértil, ¿verdad? – todos asintieron
- Pues si se toman el trabajo de apartar las cenizas como lo están haciendo mis hombres, comprobarán que el perficie que abarca este fenómeno – el estupor agitó la sala
- ¿Qué me quiere decir? – estalló Corradi – Déjese de embromar... ¿Qué pasó? ¿Un fenómeno mágico o algo así? – lo enardecía el no poder determinar rapidamente lo que había ocurrido.
-Señor Corradi – ahora el policía hablaba con voz firme y segura – yo le expongo hechos que son irrefutables; las pruebas y análisis de laboratorio, las pericias veterinarias, el examen de los momentos previos al suceso, las condiciones meteorológicas presentes en aquel instante y algún otro tipo de fenómeno que se haya producido, son los que nos va a permitir hallar el hilo de esto. Tenemos que considerar todo por absurdo que parezca; incluso, aunque francamente no lo asocio, estamos frente al hecho inédito de un sismo de la intensidad que...
- ¡Hallaron un cadáver! – era Guillermo Satraglia, el jefe de personal, que estaba en ese momento con los equipos de trabajo.
Azcuénaga se adelantó hacia él, parecía descompuesto. El administrador lo tomó por los hombros
- ¿ Dónde Guillermo ?
A modo de respuesta, Levenssen y dos operarios irrunpieron presurosos y tambaleantes bajo el peso del cuerpo que traían en una frazada que hacía las de camilla. Dos policías les ayudaron rapidamente.
- La puta madre... – Corradi se acercó abrumado
Corrieron croquis y planos y depositaron al hombre sobre la mesa.
Tenía el olor fétido de las cenizas bajo las cuales, era fácil deducir, lo habían hallado. Pero exceptuando el uniforme ennegrecido, no presentaba señales de violencia física, aunque sí de rigor mortis.
- ¡ Hagan sitio!! – rugió el comisario – Vos, Cepeda, andate al móvil y pedí un equipo forense y la morguera – Un suboficial presuroso se hizo cargo de la orden.
- Han en contrado otros dos – anunció Kurt, que estaba en comunicación radial con sus hombres.
Fueron apareciendo bajo las cenizas uno a uno los cadáveres sin signos de violencia ni heridas apreciables, pero con la ropa evidenciando haber sufrido los efectos de una temperatura elevada y con la piel enrojecida como tras una larga exposición al sol del mediodía de enero.


Alrededor de las doce y media Corradi se sintió un poco menos inquieto. Había pasado los últimos cuarenta y cinco minutos observando las tareas de remoción.
Satraglia se había hecho cargo rápida y efectivamente del personal. Solo había ingresado un segundo grupo de mantenimiento; se les otorgó franco aduciendo que había colaboradores de la comuna ultimando detalles para el lanzamiento de la campaña y los pocos administrativos que cumplían tareas aquel día de la semana, fueron habilmente diseminados en dos o tres oficinas bien separadas de donde se reunían investigadores y técnicos. Si bien todos estos empleados palparon un ambiente extraño y notaron detalles como el olor omnipresente, la mayoría creyó lógico el despliegue policial teniendo en cuenta la presencia de unos cuantos peces gordos.
La empresa de seguridad desplazó el relevo de las ocho, como refuerzo de custodia de una entidad financiera.
Hacia la una el intendente decidió retirarse. Las cosas parecían ahora encarrilarse. Comprobó con gran satisfacción que los medios radiales y televisivos estaban por completo dedicados al fenómeno sísmico y meteorológico (la temperatura glacial, que siguió descendiendo a medida que transcurría la mañana); asimismo los titulares de los vespertinos iban a estar abocados a este tema, según averiguaciones telefónicas que Guzmán realizó con las redacciones. Peritos y cuadrillas trabajaron con una rapidez notable. Llamó entonces a los responsables una vez más.
- Azcuénaga, por favor, le voy a rogar que permanezca en el parque hasta la completa regularización de la situación
- En hora y media más terminamos con la remoción – dijo éste – Luego haremos con Levenssen una inspección técnica general y la gente de Kurt va a trabajar sin relevos en la parte de chequeo, limpieza, reperaciones y pintura.
El administrador se mostraba distendido y más seguro.
- Son pocos, pero consideramos que trabajando toda la noche el sitio quedará como nuevo y con la pintura seca mañana al mediodía
- Indudablemente – apuntó Levenssen – en algún momento nos vamos a ver en la necesidad de convocar a gente del equipo de diseño, algunos especialistas, gente de parques y paseos... no perdamos de vista que Kurt solo cuenta de momento con empleados de mantenimiento y operarios electricistas.
- De acuerdo – concedió Corradi – el comisario Duronea y el principal Robacio van a reunir a la gente a la gente e insistirle sobre la importancia de la discreción – se dirigía a los oficiales, también convocados en ese momento – Me parece un argumento adecuado
hablarles sobre la posibilidad de un atentado terrorista, así tienen en claro la importancia de su silencio y colaboración; ¿no le parece Duronea?
- Sí – el aludido reflexionó unos instantes – sería adecuado también que todo el personal que se vaya afectando sea avisado que va a trabajar por tiempo indeterminado con
vistas a la inauguración
- Correcto – Satraglia tomaba nota mentalmente
- Sí – afirmó el policía una vez más - la inminencia del acto oficial del sábado nos va a permitir controlar unas cuantas horas que se filtre algo de lo sucedido; voy a pedirle a la gente de redes y servicios que aisle telefonicamente al parque para complementar las otras disposiciones.
- Perfecto – Corradi se puso su abrigo – Carlos, creo que la promesa de un conveniente ascenso de categoría para los hombres que deban quedarse, aplacará quejas y cuestionamientos.
- Comprendido
- En lo que respecta a ustedes – les hablaba nuevamente a Duronea y a Robacio – me he oupado de hablar con el superintendente de operaciones para afectarles, junto con los hombres que escojan, a este caso y bajo la exclusiva órbita de mis directivas . Obviamente en lo profesional no seré una interferencia, pues tienen mi más absoluta confianza – Su autoridad era indiscutible.
- Vería con agrado que establecieran su comando de forma tal que nuestra comunicación sea fluída – sonreía ahora – por favor, chequeen sus órdenes con el departamento central
- ¿Algo más? – también se colocó el abrigo el comisario, que consideraba la conveniencia de cambiarse el incómodo traje por ropa de fajina.
- No. Pero sepan caballeros que es una gran oportunidad: van a tener prioridad número uno en sus necesidades logísticas.
A ambos uniformados les constaba, pero no sucitaba en apariencia un entusiasmo particular en Robacio, en quien había reparado con atención Corradi. Era un hombre sagaz y con un estilo no común en los oficiales jóvenes de la fuerza, lo había enfrentado sin temores a la investidura...
- Intendente, tengo que retirarme, por qué no... – le interrumpió el encargado de la agencia de seguridad.
- Discúlpeme coronel – estaban todos de pie en la puerta de la oficina de Azcuénaga – Bueno, no creo deber detallarle sus obligaciones. Mi confianza en su capacidad queda reflejada en la circunstancia de no excluirle de esta reunión – el militar asintió agradecido e insistió en no revelar todavía los decesos, pues afectaban exclusivamente a personal de su agencia.
- Quiero leer los legajos de esta gente – le comentó – varios eran hombres solos, sin familia por lo menos en esta ciudad... pero de todas maneras está de por medio la companía de seguros y tengo que ver qué información le puedo suministrar.
- Le aconsejo que negocie con la aseguradora. Las primas sin beneficiarios de aquellos que no tenían familia o amigos es un buen motivo para que acepten la versión de un accidente sin hacer demasiadas preguntas.
La frialdad de Corradi sorprendió a todos, sería una de las numerosas pruebas que presenciarían en el futuro de su implacable determinación.
- Es importante que no haya dudas en las investigaciones ulteriores; es obvio que este personal está siempre expuesto...
- Corradi, no es un accidentado; son siete los muertos – le enfatizó el coronel
- Dilate unas horas la información como hemos quedado; silencie a los que no fueron afectados; licencie al relevo de las veinte; diga en la agencia de seguridad que en las próximas cuarenta y ocho horas el parque queda bajo jurisdicción de Policía Metropolitana
por el carácter del acto a realizarse y a las seis de la tarde lo espero en la oficina del forense – fue terminante
- Tengo que notificar a los familiares...
- Quédese aquí y hágalo en cuanto haya concebido una historia aceptable; no se, el vuelco de un vehículo que los transportaba, la caída de una estructura... piense; con el transcurso de las horas algo va a surgir y despejar más las cosas.
- Está bien – aceptó el coronel
- En cuanto elabore su versión, me la comunica que lo respaldaré – le infundió fuerzas – Satraglia, esto también le incumbe a usted así que lo espero junto al coronel
- A las seis – asintió aludido el jefe de personal
- Obraremos con la información según el resultado de las autopsias – miró entonces uno por uno a los involucrados – Señores, por un par de días están todos en un mismo barco, el mío. – salió sin saludar.

Un hombre con cara de pocos amigos le detuvo camino al estacionamiento.
- Che Corradi, me salieron raíces en el culo, ¿ me vas a dar bola?
- Querido correligionario Santillán – lo rodeó afectuosamente con el brazo – Creo que hace mucho que no recorremos juntos nuestra amada ciudad.
Para cuando llegaron al Mitsubishi del intendente, Santillán tenía un puesto clave en el nuevo gabinete que este conformaría tras las elecciones.
- ¿Dónde te acerco José ? – inquirió el corpulento Corradi mientras ponía en marcha el auto
Se alejaron departiendo futuras estrategias y Corradi pensaba que había hecho un buen negocio, un tipo que va con la celeridad de Santillán tenía que estar en su bando.


Continuará...

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