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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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viernes, julio 07, 2006

Caras y Caretas ( Hijos Pródigos)

Íconos de Barrio
Cada barriada reclama sus héroes, cada calle los proclama desde una chapa, una pintada, un mural, un salón, un club... los sueños de un pibe o la melancolía del recuerdo colectivo.
La vigencia no siempre racional del mito viviente; ese lugar común de la añoranza que es más cálido en los inviernos que se alejan, ese que es como brisa tibia que alivia el sopor del verano porque amalgama los corazones, ese que cada día los descubre más y los hace más nuestros y más humanos, ese que edifica el arquetipo por sobre todas las venalidades y flojezas, ese que adora, ese que absuelve y yo creo que es bueno que así sea, es parte de la inexpugnable maravilla de la razón de existir de las sociedades urbanas: DE PIE SEÑORES, AMADOS U ODIADOS; APLAUDIDOS O CUESTIONADOS; LLENOS DE DEFECTOS Y CHINGADAS TAN PARECIDAS A LAS NUESTRAS Y BIEN MEZCLADITOS, COMO LA BIBLIA Y EL CALEFÓN:
GENTES DEL BARRIO I (Nombres sin apellido)





Tita de San Telmo
Corría el año 1904 y un conductor de Mateos (símbolo porteño si los hay), anotó a su hija recién nacida en el registro civil: Laura Ana Merelli; entre nosotros, Tita de Buenos Aires. Lo concreto es que Tita nació en Defensa 715 y fue bastarda de madre hasta que 20 años después, una joven uruguaya reconoció a su hija. Esta minusa de piernas torneadas que alguien llamó "la Sofía Loren porteña", le prestó su voz al tango en épocas de guapos y machos. Vivió con el coraje de diez orilleros: acosada por hombres, celada por mujeres, enfrentada con poderes de turno (aún del peronismo, siendo ella mina del pueblo) y remando contra todos los prejuicios de la época supo amar sin reclamar a un nabo como Sandrini durante toda una vida; porque tal como una letra mistonga, su vida fue de contraluces o como ella lo declamaba "con la milonga la fue de igual a igula, porque eran del mismo arrabal". Desde "Mercado de Abasto" a "Los isleros"; de la pantalla grande a la chica, su impronta baña de sinónimos las luces del día y la noche porteñas. La minusa de San Telmo cerró los ojos centenaria para eternizarse junto a la calle Corrientes y ese Buenos Aires que nunca duerme.

El Morocho del Abasto
¡Carlitos!¡Qué importa si naciste en Francia o en Tacuarembó! Tu corazón pertenece al Buenos Aires querido que no se puede separar de tu voz y tu nombre. El viejo mercado hoy le presta la osamenta al shopping sin patria, al no lugar; ya no existen, zorzal, ni el farolito ni la ventanita de arrabal; no importa, ya hace tiempo que volaste unas cuadras más allá hasta donde muere Corrientes en la Chacarita y te inmortalizaste como el bronce que sonríe, descansando en Paz entre tantos que te admiraron e idolatraron. Vos que le cantaste a la imbecilidad de la guerra, a la amistad, al coraje; vos que volviste locas as las rubias de New York e hiciste soñar a la gilada con tirar manteca al techo en París, nos dejaste tu sonrisa, tu picardía, tu cariño por la gente, la humildad que te hizo cantar en bancos de plaza a la salida de los teatros para los que no tenían la guita para escucharte; nos dejaste identidad y te llevaste tus misterios... El faso siempre encendido, que alumbra tu sonrisa de bronce, nos hace dudar de tu ausencia ¿será por eso que cada día cantás mejor? ¡Salute la barra!



Don Ernesto de Santos Lugares
El maestro a perdido a su compañera de toda una vida, Matilde. Paseándose solo por el venerable caserón poblado de enredaderas, medita sobre la futilidad de los tiempos del hombre y afirma:"cuando se empieza a ser un poquito más sabio, llega el tiempo de morirse". Su fatalismo cruelmente certero, desde su nonagenaria claridad, nos lleva a pasar inexcusablemente por El Túnel de su genio; a pensar sobre los Héroes y Tumbas que siembran el pasado reciente y a admirar a este creador de mundos, que nos regala la magia de sus letras Antes del Fin. Noble y honesto, pleno de humildad; decepcionó a muchos revolucionarios que no supieron entrever que la revolución primera es la del pensamiento.


Ringo, el grandote de Parque de los Patricios

Histriónico, Descarado, Desopilante, Fanfarrón; Corajudo; Inefable; Entrañable ¿Cuántos adjetivos hacen falta para describir a este símbolo del antiguo barrio?. En el cenit de su gloria fue la hora de Parque de los Patricios. El barrio, la ciudad le quedaron chicos y se fue a pasear su guapeza por el mundo, para asombrarnos con sus hazañas: volteando a Frazier; poniendo de rodillas en el suelo, por un segundo, al más grande de todos los tiempos: elenorme Alí, Cassius Clay. Su querido globito lo colmó de alegrías en el '73 y hubo corso en Rioja y Caseros. A la edad de Cristo, se hizo matar en un sitio remoto, por un matón sórdido a causa de una mujer más sórdida aún. El barrio de laburantes y humildes moradores, lo elevó a su constelación de estrellas más preciadas, junto a Masantonio y Tucho Méndez ¡Dios te guarde Oscar Natalio Bonavena! Esas calles de tu historia se volvieron más sombrías y peligrosas, mucho más tristes; por suerte ya no estás para ver este ocaso. Se queda en los corazones esa postal de Doña Dominga, amasándote ravioles a vos y el magullado rival de turno, para el que nunca faltó un plato en tu casa...



Sandro de América, vive en Banfield
El muchcho de la pelvis cimbreante, que irrumpió como el nuevo Elvis argentino desde su Valentín Alsina natal, hace años que es hijo adoptivo de la barriada del Taladro que lo acogió en su corazón. Los años de trayectoria le dieron un lugar de privilegio al "Gitano", showman difícil de igualar. Superando burlas y gastadas, se subió a los escenarios más embelezados del amor de sus seguidoras; pero también a los más hostiles: yo testifico su presentación con "Los de Fuego" en el mismo tablado que un rato después iba a ocupar Riff, en un carnaval en Comunicaciones; de blanco streach de pies a cabeza, con blancas botas bucaneras y lentejuelas, este personaje y sus historias cautivó a los duros rockeros, los desafió, los hizo saltar con Sos una Locura y Dame Fuego y corría el año '79; faltaba que corra mucha agua bajo los puentes para que Attaque 77 recogiera el guante y lo reivindicara. Para quien gustan o no de sus ritmos y músicas; Roberto Sánchez se metió en el corazón del público porteño por su carisma, consecuencia y austeridad; su voz palpitante tantas veces imitada y parodiada es , hoy, marca registrada de un tipo de barrio, que nunca olvidó sus orígenes, se brindó a su público y se bancó las paradas, en las buenas y en las malas.




Mario, de Catalinas Sur, caiga quien caiga
El adolescente quilombero, que con su amigo Eduardo, arrancaron de los edificios de atrás del Argerich, llegó a figurar entre los personajes más mediáticos de nuestros días; ya pasó los cuarenta. Aunque alguna vez se definió como "el tipo que estaba en el lugar indicado en el momento indicado", es evidente que hay algo más que eso. Hoy despojado del disfraz de Rebelde Way sincera que no hay lugar en el sistema para los trasgresores, y es bueno que lo diga él; es honesto no mentirse ni mentir; es loable tratar de producir algo que supere o quiebre la mediocridad o la miseria que factura y embrutece y es sumamente inteligente comprender que cuando se llega a muchos, no se puede conformar a todos: eso libera para, si hay buenas intenciones, dejar lo mejor en el intento. El hombre de negro no quiere madurar, posta, en muchas de las facetas de su personalidad; en una de esas porque la vida es demasiado dura como para no vivirla un poco en joda. Desde la máscara de la insolencia, eligió el compromiso a la comodidad: eso vale.




El Pelusa de Fiorito
La Diega ya no es de la villa, hace mucho que dejó el barrio, tampoco es patrimonio porteño, ni siquiera estoy seguro de que sea patrimonio nacional; el mundo lo hizo suyo y lo arrebató para la posteridad. Ese mundo de iconoglatas que lo amó y lo destrozó; ese mundo de desaforados que lo endiosó y lo lapidó; esa muchedumbre que lo arrancó del hambre y lo devoró... Él, Fénix Criollo, siempre vuelve. ÉL, rico y pobre, astuto e ignorante, audaz y mediocre, de aquí y de allá; siempre nos da algo más; siempre nos abofetea con ese misterioso sincretismo que encarna al alma argentina. Yo me acuesto y sólo lo sueño; cierro los ojos y el danza en ese ballet con esa enamorada partenaire de toda la vida: la número cinco... El Pibe de Fiorito aparece tras los gestos, esa pícara maña del cuerpo que no nos deja mentir; por eso Diego me quedo con tu sonrisa, donde siempre está el tipo al que todos queremos.


El Torito de Mataderos
Justo Suárez nació en 1900 y se hizo hombre en la Chicago Porteña, donde había que tener un plus para ser reconocido como tal. Su mítica pegada le abrió paso en la vida y su recuerdo perdura en la república de laburantes que se alza en derredor del Mercado de Hacienda. Pobre en la Argentina más opulenta que se recuerde: Granero del Mundo, Séptimo país del planeta; murió pobre de tuberculosis a los 38 años, como fiel espejo del destino de los humildes en aquella Argentina de ricos "rebalsantes"; de la que tanto habal la gilada que no sabe, ni se informa. Sus puños cruzaron guantes en clubes donde hombres duros, cuerpos víctimas de la terrible "Ley del Frío", que los necesitaba de carne de cañón, vivaron al ídolo nacido en la misma vereda. Nos queda su sonrisa junto a Pilar, su señora, en ésta de las pocas imágenes rescatadas del olvido.




El Curita de Quilmes
Padre bueno este hijo de Avellaneda. Hombre de Cristo, que se calzó las sandalias del Pescador y se fue a vivir con los que menos tienen; tanto les falta que ni agradecimiento encuentra a veces. Corazón que sufre por los que tienen y los que no, hombre que se dice hombre y que flaquea ante tanta miseria, de la que palpa en las villas periféricas de la barriada del Sur y de la metafórica que nos envuelve hoy como sociedad. Padre bueno Don Luis Farinello, de voz suave y aspecto frágil, de temple de metal y hechos concretos; de determinación que se apoya una y otra vez en su Fe para poder seguir. Cura de Pueblo don Luis, que supo caminar al lado de Carlos Mujica; que tiene sueños que sus contemporaneos parodian y ridiculizan; que seguramente tendrá recompensa divina y será recordado por la gente de bien.


El Negro de Flores
Gestor del Horáculo de Dolínades, compinche del Ángel Gris al que acompañaba en sus insensatas repartijas de sueños, poeta indisoluble del barrio en el que urgó desde los deseos más ocultos hasta las almas más insondables; el negro Alejandro Dolina está instalado en el corazón de todas las muchachadas sensibles que atesoran esas cosas que sólo en un barrio se valoran. Combatiendo a los brujos posmodernos y los pragmáticos contreras de la solidaridad y el afecto, a quienes juró terrible venganza, se acoda siempre en algún bar imaginario frente a cualquier micrófono amigo para llevarnos a la reflexión: si las bolitas son del imperecedero vidrio, no pueden haber desaparecido; firme promesa de que nuestra hermosa niñez colectiva no desapareció, sino que fue velada y ocultada por los cacos de turno...



El Carpo de la Paternal
El tipo de aspecto truculento y corazón generoso; ese que tenía blues en la sangre y duro rock en el corazón. El chabón del cuero, las Harley y las rubias fáciles; el personaje que era un personaje y no lo componía. Su templo allá por Artigas y Camarones, su chiva negra de llantas doradas, su rope "Cactus", su voz de metal... ahora ya es todo leyenda urbana. Jugo a dos ruedas en la vida y en dos ruedas marchó a su muerte, metiéndose en la historia del cemento que contará un día de su cortejo de cientos de motos espontaneas que enfilaron los barrales a su última morada sin que nadie los convocara. Norberto Napolitano, nuestro Pappo, ese muchachón de barrio al que no hay que tocarle a la vieja, pero del que todos quieren ser gomías.

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