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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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lunes, agosto 07, 2006

Por los Barrios II (La República de La Boca)




Postal Porteña: La Boca es el barrio emblemático de Buenos Aires; lo demás son postales sueltas. Y sí, no hay otro barrio que represente per se a esta ciudad. Si vemos imágenes de los otros barrios, los porteños y quienes bien conocen la urbe posiblemente podamos identificarlos; pero para el mundo pensar en La Boca es pensar en Buenos Aires, como el Pelourinho en Salvador, el Bronx o Manhattan Sur en New York, Copacabana en Río, el Barrio Viejo en La Habana, El Cerro en Montevideo o Kesington en Londres. La Plaza de Mayo, el Obelisco, la Plaza San Martín, la calle Florida, el Congreso... son postales: nadie piensa en Balvanera, Monserrat, San Nicolás o La Recoleta. San Telmo, única comparación posible, está más asociado a la iconografía porteña que a una propia identidad de barrio: el tango, las esquinas sin ochava, la edificación colonial, los anticuarios de la calle defensa. El tigre, por ejemplo, está más ligado a una particularidad geográfica que, en rigor de verdad, se asocia al Delta cuya mayor superficie pertenece al partido de San Fernando. No hay nada que hacerle: La Boca es Buenos Aires,
un barrio tan orgulloso de su identidad que es una de las dos "Repúblicas" proclamadas como tales en la capital (la otra, el muy paradigmático barrio de Mataderos, pero con una trascendencia más vernácula que internacional).

Solo un poco de historia. Aunque con el rigor histórico lidia FJTU, en quien hay que confiar, el bueno de Ulrich Schmidel (¿monje o soldado?) bávaro que acompañó y realizó la crónica del asentamiento de Don Pedro de Mendoza nos describe y cuenta la llegada y el paraje; La Boca entonces, siguiendo sus relatos, podría proclamar "Donde todo comenzó". Efectivamente, si hemos de confiar en esta versión, la barranca representada por los grabados de aquella primera fundación de 1536, no es otra que la del Parque Lezama (motivo por el cual se yergue allí el monumento al adelantado). El Riachuelo de los navíos, no es otro que el enigmático, tétrico, sórdido, poético, pintoresco y pútrido Riachuelo que todos bien conocemos, centro de una controversia casi nacional: sus promesas de saneamiento. Por entonces, la desembocadura daba directamente al río, solo jalonado por bancos de arena, algunas rocas y bajíos y era el más importante de los tributarios que en unos cuantos kilómetros de costa vertían sus aguas en el Río color de León o Mar Dulce (se identificaron el arroyo Sarandí, el Maldonado, el Arias y otros cursos todos hoy canalizados). Querencia del Almirante Brown (así como Barracas), La Boca tuvo la relevancia que todo fondeadero tiene y además, el centro de la actividad económica de la ciudad estuvo, durante un par de siglos, volcado hacia lo que hoy denominamos barrios del sur; nucleo del damero urbano colonial. La llegada masiva de inmigración italiana a fines del S XIX, con profusión de familias de profesiónes asociadas a la pesca, el trasporte marítimo y las tareas portuarias; el barrio tomó nuevo ímpetu y, esta misma oleada de gente, daría una fisonomía típica que aún conserva: la de los conventillos de chapas multicolor. Eran los genoveses; colectividad que se congregó en la barriada y la selló para siempre con su impronta; un día nos contará FJTU la verdad de los colores xeneises: si fue la inspiración en los colores de la bandera de un barco de origen sueco o en los de los estandartes genoveses de una italia de unificación demasiado reciente como para tener una identidad nacional tras la tricolor. Con la construcción de Puerto Madero, se terminó de forjar la fisonomía del barrio; la Dársena Sur se cerró sobre su costilla este y se convirtió en la puerta de cabotaje de la metrópolis: lazo histórico con Montevideo, fondeadero del Vapor de la Carrera primero y de los ferries después (mientras que Dársena norte acogía al tráfico de ultramar),
fue el torrente sanguíneo que irrigó las dos orillas del plata; esas mismas que hoy se cruzan fiero por el fútbol y la celulosa, pero que forman casi una unidad cultural. La otra gran colectividad de La Boca, fue la oriental: los uruguayos, que en los últimos cincuenta años, han migrado a nuestras costas en un número similar a la totalidad de los habitantes de su patria.

Geografía clara y rica en nombres propios. El barrio se desarrolla en un burdo pero definido triángulo, separado en dos unidades geográfico-demográficas por la Avenida Almirante Brown; veamos.
Desde el Riachuelo, la avenida Patricios en su continuidad con la calle defensa en el trecho que esta remonta el costado del parque Lezama (donde se halla el Museo Histórico Nacional), separan La Boca de las vecinas Barracas y Constitución. El ángulo recto del barrio (del imaginario triángulo), estaría en Defensa y Brasil donde termina el parque y esta última avenida hace su pendiente hacia el Río, alcanzándolo allá por donde el Dique 4 se conecta con la Dársena Sur. La Dársena Sur y el riachuelo cierran el lado irregular y accidentado del triángulo y las dos áreas descriptas quedan cortadas por Alte. Brown, que corre desde su nacimiento en la intersección de las avenidas Paseo Colón y Martín García (al pie del mirador y la barranca del parque Lezama), hasta el Riachuelo, a la sombra de los emblemáticos puentes de hierro forjado y remachado: el plateado Nicolás Avellaneda y el Puente Negro, que en realidad es un gran transbordador colgante (hoy en desuso), que cruzaba chatitas, carros, obreros y bestias antes que fuese construído su hermano de líneas;

hacia el este les ha salido otro compañero: el cruce de la Autopista Buenos Aires - La Plata, que domina ahora el paisaje de la desembocadura .

La zona que se extiende hacia Barracas (hacia la av. Patricios), conserva el mayor patrimonio histórico de La Boca: sus conventillos (declarados patrimonio histórico de la ciudad,

por lo que no pudo concretarse el sueño de Mauricio Macri de cerrar la "Bombonera" (estadio de Boca Juniors), avanzando (y demoliendo) tres manzanas de la calle Wenseslao Villafañe.

La ribera del riachuelo es, en esta parte, la que pintó el gran Benito Quinquela Martín; otrora puerto agitado donde sus óleos reflejaron esos hombres trabajando al sol -estibadores, pescadores, armadores, carreros-, que pasó a ser ese "viejo fondeadero donde van a recalar barcos que por siempre en el muelle han de quedar", que denuncia el tango "Nieblas del Riachuelo".
Y fue así que sobre la Vuelta de Rocha y la Vuelta de Badaraco, los dos hitos del curso de agua por esta parte del barrio, se pudrieron inclementemente numerosos pecios, desde ignotos remolcadores o chatas areneras o carboneras, hasta el heroico vapor a paletas Washington o se oxidaron fondeados en el olvido buques como el incendiado ferry Nicolás Mihanovich, o el Princess de la extinta empresa Tamul (víctima de la monopólica Buquebús). Hoy, tras una década de gobierno electo en la ciudad, se ha limpiado de naufragios y dragado estos amplios espacios del Riachuelo y, defensa contra las inundaciones por medio, se ha revalorizado el potencial turístico de la zona: el cuartel de Bomberos Voluntarios (los más famosos del país, sin dudas), el Teatro de La Ribera, Caminito, los Almacenes Navales de antigüedades; incluso el viejo vapor de la carrera Ciudad de Mar del Plata,

fue atracado como museo y confitería flotante una vez que la Corbeta Uruguay fue reubicada en el Dique 2. Es una zona prolífica en barracones, depósitos aduaneros, algunas pequeñas industrias. Pero fundamentalmente los conventillos, multicolores, donde se sigue viviendo (por desgracia) con la misma promiscuidad y casi las mismas privaciones que hace 100 años.

El la zona del mítico estadio de Boca Juniors. "La Bombonera", llamado así por su hipotética semejanza con una caja de estos dulces, no es el estadio más grande ni con mayor capacidad de la Argentina, ni siquiera de la ciudad; fue pocas veces sede de los partidos de la selección nacional, a comparación de los que antaño se disputaran en el viejo gasómetro y hoy en día, en los dos estadios mundialistas: el Monumental de River Plate, por excelencia, y el José Amalfitani de Vélez Sársfield en Liniers. Tampoco es un estadio moderno como los de Córdoba, Mendoza, Mar del Plata o el Nuevo Gasómetro - a fines de los '90, recibió su única remodelación de envergadura, en palcos, iluminación, eliminación del foso; pero nada que lo altere significativamente. Sin embargo, debe ser el estadio más mítico del fútbol argentino y no por hechos deportivos -que no le faltan, pero se han producido también en otros estadios-, sino por la particularidad de su arquitectura y su hinchada. Boca, junto con River Plate, son los dos colosos del fútbol vernáculo y los que mayor número de hinchas tienen en el país; la hinchada de Boca, pasional y numerosa, hace sentir "el calor del visitante" a cualquier rival: la altura y lo empinado de las tres bandejas que encierran el campo por tres lados, hacen que el público esté literalmente "encima" de los jugadores, además de generarse una acústica muy particular por el diseño arquitectónico. Los espectáculos musicales que eligen este escenario, es por una fuerte identificación con lo que connota.


También se desarrollan en esta zona los predios de Casa Amarilla (nombrados así por la casa del Alte. Brown en su finca que daba sobre la avenida homónima), durante años playa de maniobras ferroviarias y hoy ocupada por el club en parte y gran desarrollo edilicio de monoblocks en los últimos años de la década pásada y primeros de esta. Es la zona de las grandes fábricas que han perecido; marcas históricas en el país: Canale sobre Martín García; Alpargatas, en Av. Patricios, en el límite con Barracas; los antiguos talleres de La Razón, en la calle Río Cuarto...

La otra zona, es la que se desarrolla del lado del Hospital Cosme Argerich, uno de los grandes complejos sanitarios de la ciudad.
Si bien en la zona de los puentes, se conserva la arquitectura de principios del S XX -con menos conventillos de chapa y más de material- y una rica tradición (es la zona de las pizzerías más tradicionales, otrora zona de cantinas, munich, sembrada de glorietas y pérgolas, con edificios ricos en historia como el del Sindicato de Trabajadores Marítimos en la esquina de Blanes y Brown); el rasgo distintivo es un barrio con tanta identidad como la Boca misma: Catalinas Sur. Este gran complejo de monoblocks (al que en los setenta se le sumaron los tres grandes edificios de departamentos para el personal de Prefectura), hijo del desarrollismo, se edificó en los dos lustros que arrancan a fines de los cincuenta y primeros años de los sesenta. Multitudinario, con más de treinta edificios de diez u once pisos y dos alas (8 unidades por piso); duplicó la población del barrio con los bancarios, municipales y otros trabajadores estatales que se beneficiaron de créditos para estas viviendas espaciosas, sin lujos pero racionalmente distribuídas, separadas por esmerados jardines; con escuelas e iglesia propias: Nuestra Señora de los Inmigrantes. Rematado por el hecho de no verse atravesado por calles internas, con la unidad de poseer todo tipo de reparticiones y servicios dentro del complejo y la fuerte identidad que originalmente tuvieron y mayormente prolongan sus habitantes, hijos de la clase media urbana; crearon un barrio al interior de otro. En esta zona también se encontraron edificios emblemáticos, en su mayoría recostados sobre dársena sur: la antigua terminal de "Alíscafos", que luego utilizó Buquebús y Ferrylíneas para sus buques de mayor porte, como el Eladia Isabel o el Luciano Federico; el frigorífico La Negra, la Usina de la Companía Italo-Argentina de electricidad (mentada como "la Italo"); la plaza Islas Malvinas (perteneciente a Catalinas Sur), el semáforo de la terminal de la empresa de Remolcadores Ona...


Hace unívocas a ambas zonas el amor por el barrio; las veredas elevadas, de agotadores escalones que, durante años, se convertían en islas de acceso para salvarse de las inundaciones que generaba la sudestada (de la mayor de ellas, quedaron marcas aceitosas en la calle Necochea a casi dos metros de altura); una fuerte identidad urbana, la percepción de cercanía con el centro, un aprecio por los sitios históricos de gastronomía: bares, pizzerías, marisquerías (que ya han desaparecido, como los famosos restaurantes "El Timón", o "El Tiburón") y ese parentezco casi afectuoso con el hermano promiscuo y descarriado: "el doque"; tierra de iniciación sexual de generaciones de varones porteños...

Banchero, Tuñín, Augusto, Novara: pizza y helados; Boca y en su nacimiento ¡River!; las despedidas de soltero en "La cueva de Zingarella " o "Spadavecchia"; los chop de "La Munich" de la calle Necochea; los Botes del Riachuelo; las partidas nocturnas a la Banda Oriental; las curvas de la sinuosa avenida Pedro de Mendoza, la única calle porteña con una vereda sola (al menos hasta hace un tiempo); los añosos empedrados "cabeza de negro", los baldosones pulidos e irregulares de las antiguas aceras; los bares con ventanas bajas y paredes multicolores, los murales, Diego... el hijo adoptivo que nunca vivió más que en el césped, o su palco; la sputza tan familiar, tan de La Boca, para sorna ajena y orgullo propio.

La puta, que fuerte pega este rincón de la ciudad... parte indisoluble del espíritu porteño.


LA BOCA EN LA MEMORIA DEL COMANDANTE
Mi querido tío paragónico, con el que tomé mi primera cerveza tirada en la Munich de la calle Olavarría, es el de la derecha. Está con el barba... se fue joven, jugando sus propias cartas. A la izquierda, la vieja del comandante, la abuela y la tía. Es la Dársena Sur, a un par de cuadras del edificio de catalinas donde vivían mis tíos, allá por 1968 supongo.
Estan son del '73 y las saqué yo en el mismo barrio con una gloriosa Kodak Fiesta que aún conservo: a la izquierda mi tía mi vieja y mi abuela, entre el colegio Della Pena y el de Nuestra Señora de los Inmigrantes (no se ven, están a los lados del pasillo interior del barrio); a la derecha, el guacho de mi primo, posando con una Pulpo flamante. Son de abril del 73: él acababa de cumplir diez pirulos, el último día los cumpliría yo...
Abajo, la vieja y mi abuela (que apagó la luz y se fue en el 2003, a los 94), en la Vuelta de Rocha: atrás de ellas se vislumbra el pecio del "Washington". Esta debe ser del '79 u '80, ya tenía la Kodak Pocket...
Mis queridos tíos, ambos fallecidos, vivieron durante muchos años (desde que yo nací) en el barrio Catalinas Sur, que se inauguró oficialmente en el 1963 que me vió nacer a mí, a mi primo, a Fito y unos cuantos miles de boludos más; La Boca forma parte indisoluble de mi historia y me hizo descubrir uno de los amores de mi vida: los buques... Acá más información sobre Catalinas Sur (clic)




Foto satélite retocada. A la izquierda La Boca; arriba, la última parte de Puerto Madero,: se ve parte del dique 3, todo el dique 4 y su unión con la Dársena Sur (donde funca el controvertido Casino Flotante) Al final de la Av. España, donde están los Astilleros Astarsa, Tandanor y, sobre el borde superior de la imagen, la Ciudad Deportiva de Boca y el extremo sur de la Reserva Ecológica. A la derecha, el Dock Sud: se aprecia el gran dock propiamente dicho: los círculos sobre la desembocadura del Riachuelo, son los globos de Gas Metano para las refinerías de Shell, Repsol y otras empresas que polucionan alegremente la zona. Se nota clarito el curso del Riachuelo, que separa la Capital del Partido de Avellaneda.

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