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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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domingo, marzo 05, 2006

Desde que se fue, nunca más volvió... (Ya no hay fábulas en la ciudad de la furia)

"El mundo que yo conocía no existe más"... sentenció mi abuela en el verano de 2003, cuando a sus 94 años daba uno de sus últimos paseos y descubrió que el subte comenzaba a llegar a su Parque Patricios; yo siempre pensé que en ese momento ella (que ya lo había logrado todo en la vida) decidió apagar la luz y se fue... Todos conocemos esa que por las cosas del progreso al Puente Alsina de un zarpazo la avenida lo alcanzó y el suburbio se resignó: es el juego de las megalópolis como la nuestra. En ese juego hay altas y bajas; de las altas y sus transformaciones (para bien o mal), nos ocuparemos en una próxima entrada; las bajas de este proceso evolutivo las evocamos aquí, para reflexionar los por qué y para pensar un poco en algo de los que nos pasó y cuanto nos marcó...


Lavalle en su esplendor. La muerte de la vida que caracterizó a esta arteria céntrica, no va necesariamente de la mano de la llegada del VHS como un electrodoméstico masivo, no: Lavalle era mucho más que eso. Lavalle era esa sensación de centro y esparcimiento en las serpenteantes columnas humanas que se entrecruzaban cuando había recambio de funciones en las salas; era el esplendor de las mismas, el tamaño del Atlas, la majestuosidad del Ocean, las butacas de pana celeste del Normandie...; Lavalle era sus disquerías, sus asadores, sus casas de novedades, la máquina de radiofotos, las tiendas de souvenires, los desfiles de Rigard's (aunque sea pa la cachada); Lavalle era ese lugar escogido por su originalidad: la "Escalerita" por ejemplo y sus famosos sandwiches de miga... Lavalle era la salida, que culminaba con una despreocupada caminata hasta el bajo a tomar vacío el bondi, o con una romántica salida por Florida hacia la Plaza San Martín... el centro no era aún un lugar sórdido y peligroso; la miseria no avergonzaba al hábito de la diversión; el mundo en Buenos Aires parecía -al menos desde un punto de vista un poco frívolo- un poco más justo. En la foto, todavía no es peatonal.
Capicúa, pingüinito, sumar los números para hallar la inicial de la amada/o desconocida/o, colección para forrar carpetas... mariposas milticolor que se fueron para no volver: el primero lo cortó la línea 25 y el último también: los gaitas con tal de no poner la guita para las máquinas, resignaron la concesión...

Le dió un significante nuevo a la palabra portátil... la radio Spika, llegada de Suecia con la novedad que el transistor le dió a su tamaño, cuchicheó durante muchos años los sucesos más importantes en los oidos de miles de porteños... cómo olvidar el olor de esa funda de cuerina y la grasitud que le juntaba. Había comenzado una revolución, que recién hoy está tomando impulso y pronto se va a desbocar: la de las comunicaciones.
El fulgor de un sueño, una de las tantas chantadas-hito de la ciudad y del país: la ciudad deportiva de Boca Juniors; un proyecto de vanguardia, aquí en su fugaz esplendor...

El "Twister"; "La gruta de los fantasmas"... ah, qué vacío el del Ital Park ¡Por qué será que ni el Parque de la Costa, ni el Parque de la Ciudad lo pueden llenar?; ¿acaso será porque estos extremos de las posibilidades de nuestro espectro social no tienen la ecuanimidad de una época más justa para niños y no tan niños, cuando divertirse un poco no era un lujo, ni una aventura peligrosa?

Dos ausencias fuertes sobre los empedrados porteños: la garita del cana de tránsito y los postes con las catenarias del tranvía; aquí en la avenida Alte. Brown de La Boca, hace ya muchas décadas.

La muerte del río... tema revelador del carácter de la ciudad de la furia para la gente del
Comando Norma Aleandro; es verdad, estas escalinatas están hoy tapadas por la estancada laguna-basural de esa extraña "reserva ecológica" que nos privó del paisaje autóctono, inventando uno que debe haber existido en la edad de piedra...

La confitería de la terraza de aeroparque y sus mesitas... todo que ver: el río era nuestro, la aviación, ese milagro cotidiano que nos permitía soñar como Cipriano en "La Isla Desierta" de Roberto Arlt (a falta de barcos...); la costanera, postal porteña que ya no es.

Esa hermosa obra arquitectónica que hoy reza "Museo de Telecomunicaciones" (lo podrían haber puesto en tantos lados que sí tienen que ver, empezando por el edificio fantasma de Encotel, en Puerto Nuevo), se inauguró como una Munich en 1927 y fue un lugar de encuentro, risas y frescos atardeceres bajo sus glorietas, mientras en río tuvo vida... hoy languidece bajo las monstruosas torres de Puerto Madero, en la costanera sur.

Y sí, la muerte del río marcó el fin de rituales que la mayoría de los que hoy habitamos Baires no conocimos y vamos a buscar nuestra identidad kilómetros campo adentro...

Saint Tropez, ayer nomás, cuando sonaba Moris, La Balsa, Los Gatos, Vox dei, Manal...
"... Ayer nomás, pensaba yo que algún día..."

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