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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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lunes, septiembre 18, 2006

Viejas Postales Porteñas: Recuerdos del "Granero del Mundo" (Cualquier semejanza con la actualidad es pura casualidad...)

Muchas imágenes que rescatamos del pasado de nuestras calles se presentan idealizadas. Imágenes que se apartan del contexto del que fueron obtenidas o no nos hablan de las pasiones, luchas, rutinas, alegrías o cansancios que el colectivo social estaba experimentando por entonces: son postales donde la gente es parte del paisaje.
Para nuestra sorpresa, un análisis detenido de estas visiones, que en cepia nos asoman a épocas vividas por nuestros ancestros, no revela novedades significativas sobre las penurias y problemas que la sociedad de la Argentina moderna y contemporánea afrontó y afronta. Tras décadas de reivindicaciones populares y abroquelamiento oligárquico en sus privilegios, todo parece concluir en un lamentable ciclo histórico de semejanzas; y digo lamentable, porque más allá de cuestiones de forma (actores y métodos) si después de más de un siglo estamos en el mismo lugar, la única forma de quebrar esa realidad, que nos sume en la profunda angustia de la deuda interna, es el ejercicio de la memoria histórica y ya sabemos que es una asignatura que como pueblo nos llevamos recurrentemente a marzo... y nos aplazan.

Si después del unicato de Juárez Celman (un Ménem decimonónico) la Oligarquía capitaneada (a partir de Carlos Pellegrini) por representantes concientes de que el país rozó la quiebra económico social, por la depredación practicada por las facciones que se repartían los frutos de sus riquezas (con consecuencias que trascendieron nuestra frontera para hacer tambalear a algunas de las más poderosas bancas londinenses) se abocó a la tarea de remodelar la estructura social de los fallidos planes de la generación del '80; los gobiernos que se sucedieron entre 1900 y hasta 1930 consiguieron -en términos macro y ayudados por la coyuntura internacional- un crecimiento sostenido de la economía (según la distribución internacional del trabajo de los mejores manuales de los clásicos) que llevó al imaginario -que aún hoy subsiste- del país que ocupó el séptimo lugar en el ranking de las naciones de aquel entonces (¿cuáles serían las variables que construían aquel índice?); casi "una tierra de promisión", donde la prosperidad obscena de los ricos les llegaría a los pobres por un "lógico derrame de las utilidades", no era el Sultanato de Brunei, era El Granero del Mundo: aquel país en el que la mayoría de nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, galguearon a lo loco, trabajaron con leyes de esclavitud, sin ningún tipo de justicia social, prevención de la vejez (a la que pocos arribaban enteros), ni salud pública, ni aspiraciones de esparcimiento, sin sábados ni domingos, sin derecho al pataleo; en una resignada existencia que comenzaba en el conventillo o la pieza compartida por muchos, la desdicha, la impotencia y el apretar los dientes para salir adelante; situación que desde una acomodada posición dentro de la nueva burguesía, hoy, nos enorgullecemos en embanderar, pero no siempre miramos en las vivencias del prójimo... pocos somos concientes que hasta el final de la década infame no hubo movilidad social y hoy, nos estamos encerrando en la misma trampa. No comprendemos el mundo de pobreza y marginalidad que nos rodea, solo somos capaces de concebir soluciones autoritarias, de esas que cíclicamente nos trajeron hasta aquí... no somos capaces de ver a nuestro pasado en los ojos de los nuevos pobres, los nuevos inmigrantes; entonces recordemos porque a 100 años vista lo único que cambia es el color en las fotografías...

"Villa desocupación". Enorme barrio de emergencia fruto de la crisis del '29. Su extensión era tal que abarcaba, desde Puerto Nuevo y Retiro, enormes descampados hasta las cercanías de lo que hoy es el aeroparque, en la Costanera Norte (curiosamente, sobre los terrenos que hoy ocupa la villa 31, pero doblando o triplicando extensión y población). Carente de todo servicio público o de salud, viviendo de la mendicidad, los rebusques, los comedores populares y refugios para dormir; miles de hombres y mujeres de decenas de nacionalidades que creyeron en el país, moraron entre las ratas bajo el reinado de la tuberculosis, pariente cercana del hambre y la promiscuidad. Muchos volvieron a sus patrias, muchos no pudieron y llevaron existencias miserables durante este período en que el "Granero" se desmoró como un castillo de naipes. Al igual que haría Videla en el '76; Justo ordenó demolerla en 1935, desplazando (sin importar su suerte) a sus moradores., quienes aferrándose a legítimos sueños la habían rebautizado "Villa Esperanza"


Mendiga (méndiga se decía entonces) cerca de la Catedral Metropolitana en un umbral de la calle San martín. En los comienzos de los años '10 (tras el fastuoso festejo del Centenario), esta mujer humilde y sin posibilidad de trabajo ni atención social, pide limosna para poder alimentar y dar cobijo a sus tres hijos.

Luigi de La Boca. "Atorrante" muy querido y conocido en el barrio de la ribera para la época de la Primera Guerra Mundial (ya sancionada la Ley Sáenz Peña, de la que seguramente no tuvo noticias). El atorrante era una figura muy de época; se trataba de pordioseros, sin trabajo útil ni capacidad de oficio para hacer changas que vivía, mejor dicho, sobrevivía de la simpatía que era capaz de despertar en el vecindario y la misericordia hacia su desamparo. A diferencia de los linyeras, las más de las veces alcohólicos y con problemas psíquiátricos de salud, los atorrantes eran una cruza de sin techo con mendigo que ha abandonado esperanza de una vida digna; lúcidos, tenían en común con los linyeras de fines del siglo XX el hecho que muchas veces se trataba de hombres jóvenes, a los que la intemperie, el sufrimiento, la humillación y las privaciones, habían convertido en viejos. Los hubo tantos que aparecían en las viñetas de Caras y Caretas , P.B.T. y muchos medios gráficos, como un personaje estereotipado, aunque no demonizado.
Olla Popular: a comienzos de los veinte las había casi de continuo y ojo, no era una representación en un acto político o medida de fuerza, en esta época de huelgas recurrentes en pos del fin de la explotación sistemática en los que la protesta social era colocada continuamente en la ilegalidad, con consecuencias trágicas para el proletariado, el paro significaba la suspensión de paga y el despido sin ningún tipo de remuneración: de los potajes que se llevaban en los recipientes dependía la alimentación de las familias obreras. Fueron frecuentes en frigoríficos, la zona portuaria, curtiembres, talleres metalúrgicos, etc.


Campamento de indigentes. El año 1900, el barrio: Saavedra. Los niños vestidos con improvisadas prendas de telas que iban desde el percal a la arpillera; tolderías al estilo campamento indio como asentamiento móvil (por si eran desplazados). Son familias inmigrantes que llegaron a estas costas con la ilusión de unas pocas tierras para trabajar. Pero los latifundios (como hoy), estaban bien delimitados.


Las típicas viviendas obreras de chapas de cinc, o a lo sumo de paredes de "gramsa" (mezcla barata de material con mucho polvo de ladrillo) techo de chapa y galería de madera; alternativa de los conventillos o inquilinatos en los barrios perisféricos. Calles de tierra, zanjones a modo de cloacas, baldíos, pobrísimos medios de transporte, ningún servicio público.


Desalojo con auxilio de la fuerza pública; postal recurrente de aquellos años de rentas draconianas por hábitats sórdidos, mugrientos, con baños compartidos por decenas y cocinas colectivas. Fueron no pocas las huelgas de inquilinos, rentable y nada reglamentada actividad para lucro de pocos uchas miserables y angustia de las miles de familias que, por lo errático del trabajo y exiguo de los ingresos vivían con la espada de Damocles de terminar con todos sus petates (pobres enseres) tirados en la vía pública. Había solidaridad entre los habitantes de condominios pero la vergüenza era como un estigma para gente que solo deseaba ganarse el pan y el techo. La propiedad privada, con la particularidad "arbitrariedad" de los teóricos pseudoliberales de nuestro país: derecho sagrado, el resto de los derechos humanos: veleidades de los bolcheviques o los decadentes socialistas europeos.


Maldita Policía ¿La bonaerense de Pedro Klodzik?, no, la Federal de Ramón Falcón. Un muerto y un herido asistido por un padre comprometido con la lucha social, que morirá camino al hospital ¿Kosteki y Santillán?, no, Besch y Reniskoff(más demonizables aún como extranjeros y señalados por la ley "Alcorta", barrera de ese nacionalismo de pureza de los valores criollos (¡?) que haría que nuestros abuelos morirían tanos, gallegos, turcos o rusos poque nacionalizarse era más difícil que ganar el "gordo de navidad"). La represión en tiempos de Irigoyen o de Duhalde: democracia formal, disciplinamiento social.

Conventillo Ruso -Calabrés de la calle Arribeños. Sí, en el paquete límite de Belgrano y Nuñez, el arroyo puede ser el Arias o el Vedia ¿qué importa? son los años locos, los años prósperos. ¿Cuánta sería la desgracia de estos expatriados para terminar así al otro lado del mundo? Sin voz, sin voto, sin otro rol que el de servir en un país pionero en abolir la esclavitud, al menos en los papeles. Sujetos a cualquier yugo por la necesidad, conviviendo con mafiosos y malandras de esa época que tentaban al resentimiento de sus hijos desposeídos; la escolaridad, la milicia, la nacionalidad iría haciendo lugar para esa nueva generación, disciplinada, fundamentalmente, en el agradecimiento perruno y en saber cuál era su lugar en ese mundo: Argentina país generoso...


Nos fuimos a los caños. Sí, tal como estos muchachitos hace cien años, cuando los caños de Obras Sanitarias de La Nación eran una alternativa mejor que la noche a la intemperie, niñez al sereno... Todo parece repetirse ¿no?, El país que crece, los viejos y nuevos ricos; las ordas de marginales y pobres... Se viene el Bicentenario, habría que empezar a repartir, porque por lo visto, el "derrame" no funcionó muy bien que digamos y para el 2046 falta mucho pero mucho tiempo, más que el que podemos esperar para recuperar la Justicia Social.

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