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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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viernes, septiembre 15, 2006

Laburo orgánico

Así como la presencia de un cerrajero, un contador y un basurero nos parece imprescindible en la totalidad del universo, ciertos oficios sólo tienen sentido en las condiciones geográficas y socioeconómicas adecuadas.
El trabajo que voy a dignificar no se conoce en zonas agraciadas por los municipios. Para que trabajar de mierdero sea rentable se debe vivir en una zona que tenga un minimo indispensable de casas abandonadas por el sistema cloacal, es decir, una cantidad de pozos sépticos considerables; se trate de Buenos Aires, Córdoba o Rosario.

Del señor de la mierda, como lo llamamos en el barrio, se suelen acordar cuando las circunstancias apremian, el olor inunda los cielos aledaños y el tema está a punto de desbordarse; en ese sentido instante la cercanía de un camión atmosférico y el tipo de guantes y escatológico oficio tienen el mismo tenor paradisíaco que un grupo de niños cantores jugando entre alamedicos futuros.

Scalabrini Ortiz aseguraba que el hombre conciente de su carácter perecedero era más humano, porque tenía real conciencia del valor de la vida. En otra acepción de escatología, Marechal decía que el pedo nos libra de una solemnidad nociva, nos iguala y, al igual que su amigo Ortiz advertía con la muerte, nos humaniza.
Quizá conciente del verdadero tenor que tiene la materia que manipula, el mierdero se enorgullece de ser necesario; y muchos del barrio, al ver el camión que se aleja, saben que lleva encima una parte muy importante de su ontología.

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