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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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jueves, septiembre 14, 2006

Desde que se fue nunca más volvió III ("Nada nada queda de tu casa natal, solo telarañas que teje el yuyal...")



La garita del policía de tránsito y el refugio en el medio de las avenidas, la foto del purrete canillita que huye siempre a ese pasado que por distante, siempre nos parece perfecto... idealizaciones que uno hace nomás; ya las hicieron antes y ya las harán después.



Avenidas pobladas de tranvías que por dos cintas de acero se fueron al olvido como decían "Los del Suquía" y lamentablemente el quizás un día vuelvas por ellas a rodar quedó circunscripto al par de coches comprados al Portugal a principios de los '90 por la Asociación Amigos del Tranvía y, que cada tanto, algún que otro domingo conduce mi entrañable amigo el Ingeniero Ernesto "querido dogor" Falzone, por los empedrados de Primera Junta sobre esas vías que han quedado para llevar los coches del subte a los talleres de la Estación Polvorines, en Emilio Mitre y Bonifacio. Acá también vemos garita y refugio, para las damas... Que lindo cantaban los cordobeses esos ¿eh? ... el canillita salta, en el estribo amigo, pregona "Los Principios" "La Voz del Interior"... ahh



Y justamente para que nuestra muy novel corresponsal mediterránea no sienta que descubrieron la pólvora, otro recuerdo porteño: el Trolebús. Tardó en llegar de Europa (donde había una posguerra pobre de carburantes), pero en realidad los primeros fueron americanos, marca Westram con carrocerías Wayne: bien toscos como todo lo que es transporte público en el país del norte, que casi es inexistente. Plateados de un aluminio brillante, con una franja azul pólvora bajo las ventanillas. Los que se ven en esta terminal son Mercedes Benz. Muchas líneas (como las actuales 152, 146, 37 y 34), explotaron esta herencia de la Corporación de Transportes de Buenos aires la empresa monopólica creada por ley del Congreso (de ahí la franja identificatoria); luego de liquidada la empresa y devenida en Transportes de Buenos Aires, para luego recalar en manos privadas, los gallegos y tanos componentes de estas nuevas sociedades los abandonaron en favor de los colectivos. La mayoría fue de origen alemán: M.Benz, Henschel, MAN los hubo Mack. A Perón se lo llamaba por el mote de trole, por los dos brazos el alto con que saludaba a la multitud, que semejaban las lanzas de toma de electricidad; hoy trolebús tiene otra connotación...



Y bueno, también pasaron al olvido los longilíneos y cuadrados Leyland ingleses, también de la "Corporación"; como éste que dobla en la esquina (aún sin ochava) de San martín y Tucumán:



¡Qué habrá sido de aquellos corsos de luces, música y alegrías no forzadas!, verdadera cara pagana de la ciudad, donde recios laburantes se pintarrajeaban y modositas aprendices de corte y confección devenían en felices bataclanas...



¡Y los bebederos de mármol! el placer de ese pico que extinguía la sed de tantas andanzas callejeras. Alguno queda como árido mausoleo de alguna niñez que ya no es, de muchos pájaros que han partido huyendo de una ciudad que no se detiene a mirarlos, que se maquilla de extrañas pinturas para ahuyentarlos... Hoy vi uno en Garay y Perú, en una de esas pequeñas plazoletas con rejas que tienen las extrañas esquinas de esta avenida en San Telmo: demasiado armadas; el farolito (con luz de sodio), el bebedero de adorno, casi, casi un ikebana para la postal porteña que solo engaña al gringo.



Son ausencias fuertes. Como el gasómetro (aún para los que no somos del ciclón) que lo imaginan al nene Sanfilippo mano a mano con Roma o Carrizo en la góndola de los lacteos...



Es esa sirena que acalló en Dársena Sur, cuando partió al recuerdo el último vapor de la carrera para convertirse en una cafetería flotante que recuerda épocas más prósperas, que invitaban al ensueño de ese cruce nocturno que regalaba un tiempo de reflexión y contemplación del Plata, nuestro río, ese que hoy surcamos casi sin percatarnos a puro vértigo, potencia y velocidad, corriendo, como siempre ultimamente, corriendo para no llegar tarde de donde tendremos que irnos rápidamente para no volver tarde...


Presencias ausentes de un tiempo que ya no está, reflejos que huyeron de cristales que atravesaron los años; vibraciones, latires, murmullos y alborotos que no se oyen más que en el ensueño de la nostalgia... Los reemplazan hoy nuevos habitantes de las calles, las plazas, los predios; parecen burdos y utilitarios como muchas cosas de los tiempos que corren, pero la realidad es que el tiempo no para porque nosotros lo consumimos y lo agotamos con avidez y con él, mucho de lo que fue tan nuestro como nosotros mismos: esos que ya no somos, esos que ya no seremos...


En el ojo ciego de una "Brownie Fiesta" quedaron las últimas épocas donde los reinados duraban lo suficiente para extrañarlos, hoy no hay tiempo para siquiera traer a la memoria el aspecto de lo último que nos sorprendió; no vale encariñarse, no sea cosa que quedemos obsoletos, al fin y al cabo, nuestra propia obsolescencia también está hoy programada...

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