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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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sábado, noviembre 11, 2006

Los nombres de las Calles VII (Salvajes Unitarios)





SARACHAGA

Juan Antonio Sarachaga nació en Córdoba en 1781, donde estudió graduándose de Bachiller en Leyes. Luego de la Revolución de Mayo, particpó en el Cabildo abierto del 17 de agosto de 1810.
Acompañó como Funcionario en diversos lugares a Pueyrredón. Se graduó en derecho en Chuquisaca (uno de los centros de estudios de mayor prestigio en el Virreynato), fue ministro en Salta y trabajó para el Triunvirato. Rector de la Universidad de Córdoba, fundó varios periódicos. Fue ministro de José María Paz. Preso durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se lo fusiló el 2 de octubre de 1840, siendo "ultimado a cuchiyo" según se registró en las actas de la Mazorca. La calle que hoy lleva su nombre, recorre seis cuadras de barrio de Floresta y también se rescató su memoria en algunos barrios del conurbano.


LAVALLE



El general Juan Lavalle, veterano de la guerra de la independencia y de la guerra con el Imperio del Brasil; pasó sinn embargo a la historia por su desiciva participación en la causa del bando unitario. Habiendo participado en la misma causa de Manuel Dorrego, bajo el mando de San Martín y luego contra el Brasil por la Banda oriental (el segundo bajo el mando de Alvear); al regresar en 1828 de la campaña del Brasil apoya a la minoría reaccionaria oligárquica que enarbola los intereses porteños por sobre la idea de una república federal. Ingresa con su caballería a la ciudad y reunido en la Iglesia de San roque con los conspiradores se decide a dar el primer golpe de estado contra un gobierno nacional: desaloja del poder a Dorrego, lo persigue y derrota en Navarro y lo fusila (pese a todas las cartas recibidas pidiendo clemencia -algunas del peso de las del mismo San Martín o el Alte. Brown, que había participado indirectamente y por omisión de la conspiración pero no quería derramar más sangre de hermanos- ) el 9 de diciembre de 1828, perpetrando el primero de una serie inacabable de crímenes políticos que inflamaría los odios y regaría de sangre la nación por décadas. Como gobernador provisional en Buenos Aires, duró poco: enfrentado con Juan Manuel de Rosas y Estanislao López, fue derrotado en Puente de Márquez (cerca de Merlo y Moreno) en abril de 1829. Escapó de la furia de sus enemigos para seguir su lucha en Uruguay (de mala gana había aceptado la independencia de la Banda Oriental), hasta que fue derrotado por Oribe, aliado de Rosas, en Quebracho Herrado; ahora sí cada vez con menos poder y acorralado por el creciente dominio de la Federación que con Rosas a la cabeza imponía su dominio sobre el territorio argentino, decidió huir hacia Bolivia en 1840 pero fue interceptado y ultimado por una partida federal. Entre los conspiradores del "Consejo Unitario" que habían fracasado en su proyecto junto a la constitución que se redactó durante el gobierno de Rivadavia, se encontraban Vicente López y Planez (ex teniente de Patricios en 1806, integrante del Primer Triunvirato y de la Asamblea del año XIII y autor de los versos que en las tertulias de la alta sociedad le dieron letra al himno nacional); Salvador María del Carril y Florencio Varela, quienes pidieron con sed sanguinaria la cabeza de Dorrego (considerado un incorregible populista y amigo de los caudillos del interior) y principalmente Juan segundo Agüero, uno de los más activos conspiradores que veía a Dorrego como la deshonra viviente por el acuerdo con el Brasil. Estos instigadores del derrocamiento del 1° de diciembre de 1828 perpetraron un cirmen apartando el corazón y con mesiánico convencimiento de su iluminado papel en la historia. Entre quienes han denunciado su cobarde accionar (todos luego huyeron como ratas al llegar Rosas al poder) estuvieron Manuel Moreno, hermano de Mariano, ministro de gobierno de Dorrego, Martín Rodríguez y Vicente Fidel López. Hoy todos sus nombres se entrelazan inocentemente en el damero de honores que da nombre a las calles, avenidas y localidades de nuestra ciudad...


ECHEVERRIA



Esteban Echeverría, lejos de la lógica crítica de su desprecio sectario y racista del prójimo (algo que era un patrimonio de todos los bandos en su tiempo), fue sin duda, junto a Sarmiento, uno de los escritores sobresalientes de la literatura criolla decimonónica. Perteneciente a la alta burguesía criolla, nace en Buenos Aires en 1805 (padre vizcaíno madre porteña de la familia Espinosa), estudia en el colegio de San Telmo. Lleva una vida acomodada y bohemia (un lujo para la aldea de entonces), dependiente en el negocio de los Lezica luego de abandonar la universidad, queda huérfano hacia 1923 y sintiéndose responsable de la muerte de su madre, en 1825 parte hacia París donde, mientras vive en el barrio latino, estudia con afán enciclopedista política, filosofía, literatura, economía... En 1830 regresa a Buenos Aires convertido en poeta y pensador; encuentra al país sumergido en los acontecimientos fraticidas que desembocarán en el gobierno del "Restaurador de las Leyes". Era de esperar que, frente a lo que sus ojos veían como la "barbarie" federal, se volcase a la causa unitaria. Vivirá como un extranjero en el país; iniciará el romanticismo no solo en las márgenes del Plata sino que además lo llevará a la prensa desde "La Gaceta mercantil". A los 27 años ya tenía una seria afección cardíaca; pero solo se dedicaba a la escritura, hasta 1837 surgen de su pluma Profesía del Plata, Elvira (primera poesía romántica en letras castellanas), Los Consuelos y Rimas (donde se incluye La Cautiva, que junto con El Matadero son sus obras cumbre). Si recorremos el Museo de Bellas Artes y vemos las obras donde se muestran los salones literarios de época (la generación del '37), nos podremos conponer fácilmente "Los Talas" o el ambiente del "Salón Literario", en profundo contraste con la vida de la mayoría de la población iletrada de la gran aldea y su campiña. De ahí el profundo desprecio por las costumbres de campo (recomendamos esa recorrida por Bellas Artes para entender estos dos mundos convivientes); a tal punto que "El Matadero" se edita a más de veinte años de su muerte, como si no lo hubiese publicado pr la vergüenza de describir ese mundo, aunque más no sea como panfleto. Tras la derrota de las insurrecciones norte y sur contra el "tirano" Rosas, huye en 1840 primero a Colonia del Sacramento (Uruguay) para establecerse un año después en Montevideo, donde frecuenta a Florencio Varela que ya está allí exiliado y añora desde la lejanía a sus amigos Juan María Gutiérrez y Juan B. Alberdi. Sigue publicando algunas obras como el ya iniciado Dogma socialista (!), el Manual de Enseñanza Moral u Ojeada retrospectiva. En la ciudad, sitiada por Oribe, aliado de Rosas, vive en pobreza y muere en 1851 sin que la historia le permita ver los acontecimientos de Caseros al año siguiente. Curiosamente, esta gran pluma, entre cuyos méritos figuran el de plasmar en papel el primer cuento argentino, pero que indudablemente lejos estuvo de intentar entender a las clases populares sus códigos culturales y ni que hablar de los naturales o el altivo gaucho (a quienes consideraba casi subhombres) además de engalanar largas cuadras del barrio de Belgrano, presta su nombre a un partido del GBA caracterizado por su población humilde, de extracción popular con una clara identidad con la cultura de masas y el peronismo ¡y una de sus avenidas lleva el nombre del "Restaurador de las leyes!"






OTROS


Probablemente el sitio de Oribe a Montevideo que duró nueve años alla sido el episodio más pródigo a la hora de sacarse la mascarita y, en verdad, tal como lo dice Leopoldo Lugones hijo (puaj): la cantidad de sangre argentina derramada hace pensar que la Guerra Grande de la Banda Oriental "es muy de quende el Plata". Entre otras espadas de la unitaria "Comisión Argentina", que participó de la defensa, figuran paladines de la independencia como el muy mundano, bon vivant, putañero y excelente militar General Rondeau; José de Olavarría; Isidoro Suárez; Tomás Iriarte; Eustaquio Frías; Félix de Olazábal; el mencionado Martín Rodríguez y otros, entre los cajetillas que rajaron de la bestial mazorca (y estos eran bestia sin joda), andaba boludeando Florencio Varela, aprendiendo a sacar daguerrotipos mientras hacía lobbie para Francia e Inglaterra, ya no ocuparemos de él. Fíjense que los caballeros pasean sus nombres por la Barracas y Boca antiguas (que luego del falluto "ni vencedores ni vencidos" siguió siendo la zona de peso de la Gran aldea, a la que podemos sumar el Parque de los Patricios) o en la nueva y paqueta zona de Belgrano conviviendo con virreyes y otros nobles. Habría que decir que el General Paz tiene una avenida preeminente para contrabalancear tanto unitario; pero en nuestra capital no se olvidaron ni de Venancio Flores,ni de Fructuoso Rivera, ni del General José Ignacio Garmendia, ni del General César Díaz: uno diría que hacia adentro del abrazo de la General Paz, los Salvajes siguen reinando ¿no?, pese a los reclamos de don Pacho O'Donell, no hay lugar para el Tirano, el bárbaro Oribe ni ningún nombre que haya revistado en sus "huestes", muy numerosas por cierto...

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