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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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martes, abril 24, 2007

Crónicas Insólitas IV : Fuga en Devoto "Se armó la gorda" (o "El Gordo")

Los hechos
Las sábanas anudadas colgaban desde temprano pero nadie lo advirtió. Eran blancas como la misma pared. El hombre que las puso actuó rápido pero sin dejar huellas. En unos segundos completó los siete metros del muro. El plan estaba en marcha. Nada podía fallar aquella tarde del 16 de septiembre de 1994. Los hermanos Valor – Luis
y Andrés- caminaban serenos por el pabellón del Penal Federal de Villa Devoto. Los demás integrantes de la Superbanda los contemplaban nerviosos. Todos juntos, como si fuesen los actores de una obra de teatro, repasaron una vez más el guión. Era una jugada estudiada de ajedrez. Cada cual debía ocupar su rol y actuar en el momento preciso. La fuga se había ideado con dos meses de antelación. Algunos iban a salir unos minutos más tarde para asegurarse que nadie los estuviese vigilando. Las armas estaban preparadas, igual que el contacto externo. Todo comenzó en el patio de recreo del penal. Con sus amigos La Garza Sosa, Emilio Nielsen, Carlos Paulillo y Julio Pacheco, El Gordo Luis Valor logró llegar hasta el hospital penitenciario y de allí pasar hasta el sector de la muralla externa. Íban armados y decididos a no detenerse ante nada. -Soy la Garza y vengo para irme, gritó Sosa al secretario del hospital y a los dos oficiales que estaban en el lugar. Mientras los amenazaba con un arma los otros integrantes de la Superbanda tomaron guardapolvos para disfrazarse y facilitar su fuga. El único que no se vistió de blanco fue el jefe, el Gordo Valor, que prefirió ir vestido con el color enemigo, el gris de los guardiacárceles. Una vez disfrazados y con todo el personal del hospital encerrado en distintas oficinas, consiguieron franquear el acceso hasta la muralla externa.Cuando llegaron a la puerta que separa el hospital del acceso al puesto 2 de la muralla, el Gordo Valor disparó al cielo para demostrarle a los pocos guardias que los seguían que estaba dispuesto a fugarse. Un guardia apabullado entregó su llavero. En el puesto de vigilancia los esperaba el último obstáculo: dos guardias dispuestos a frustrar la fuga. El ayudante Luis Parada se parapetó contra una mocheta que oficiaba como única defensa. -Entregate Gordo, estas rodeado, gritó el guardia con el deseo de que ese grito se transformara en realidad. -Te voy a matar porque sos requisa, le replicó Valor y acto seguido le disparó dos veces sin acertar. Para ese entonces las cuerdas que habían hecho anudando sábanas ya colgaban del paredón que daba sobre la calle Bermúdez. Por ellas se descolgaron los cinco presos y a los tiros se subieron a dos autos que los estaban esperándolos.Luego de estar 244 días prófugo, la Policía Bonaerense logró detenerlo el jueves 18 de mayo de 1995.
El amigo Valor, la Garza Sosa (tapa de la Revista Viva), "Tractorcito" Cabrera y estas otras sabandijas son algunos de los famosos 12 apóstoles de Sierra Chica y, si bien los dos primeros no estuvieron en la toma de aquel penal, fueron sus acólitos los que hicieron empanaditas de "buches" y la convidaron a la Juez mientras le medían el aceite.
Semejantes nenes, acostumbrados a hacer cagar camiones blindados (lanzacohetes de por medio de ser preciso) y cargarse a los que fuesen necesarios; habían sido recluídos en la U2 de Villa Devoto (Unidad Penitenciaria N° 2 de Encausados del Servicio Penitenciario Federal); hoy, la última cárcel dentro de los límites de la Capital Federal, anulada y desmantelada la nefasta U1 de la Av. Caseros, aún en espera de su implosión.

La cárcel de Villa Devoto, ubicada en la zona más popular del muy concheto barrio, fue construída a fines de la década del '20 y, desde entonces, ostenta un record de escasísimas, por no decir casi insignificantes, fugas exitosas. Efectivamente, la solidez de la construcción de sus pabellones (que resisten el abandono y el paso del tiempo, sus múltiples muros perimetrales, la cantidad de centinelas apostados con armas largas, lo expuesto de sus patios, la vigilancia en todo ángulo que permiten sus puntos de observación, etc. han permitido mostrar una foja impecable en la labor de los "candados" o "cuidaperros" como se los conoce a los guardias penitenciarios en la jerga.
La penitenciaría sofocó múltiples motines y situaciones de desborde total; tres casos nos dan la medida: en 1962, en un sangriento motín donde 1800 presos se hicieron con el control de gran parte de la guardia de seguridad y los pabellones de la cárcel (no así el perímetro); se libró una batalla cruenta y sin cuartel, donde fueron muertos docenas de guardiacárceles y entre las vendettas y la represión un número aún mayor de presidiarios. En esa oportunidad y en medio de la confusión que alarmó a todo el barrio, familiares de ambos bandos y todas las fuerzas de seguridad, se produjo una de las pocas fugas exitosas: el célebre ladrón de bancos de nacionalidad uruguaya Villarino, quien fue capturado un par de meses después. La magnitud del hecho dio lugar a la célebre película "Los Evadidos", entre los actores apareciá el prometedor personaje Minguito, de Juan Carlos Altavista con su célebre sentencia: "fetivamente". En 1973, el 25 de mayo, el tío Cámpora ordenó la liberación de los presos políticos, entre los cuales se hallaban muchos tipos pertenecientes a grupos armados de lucha revolucionaria (Montoneros, ERP, FAR); especialmente los dos o tres sobrevivientes de la masacre de Trelew de 1972 (la Arrostito con una bala en la mandíbula, por ejemplo). La impaciencia de la muchedumbre, que acompañaba a "los muchachos" de la JP y otras organizaciones de izquierda que tenían listas para controlar que todos fuesen liberados, llevó a un intento de asalto a la penitenciaría (se llegó a colocar un bondi de la línea 109 de culata frente a los portones para derribarlos). La respuesta feroz: gases, tiros a mansalva y una caza del hombre llevada a cabo en un rastrilleje por las casas del barrio; un par de muertos muchos heridos y santas pascuas: entre 1975 y 1983 el que fue pabellón de mujeres (el más nuevo de la cárcel, construído en los sesenta),
alojó a centenares de presos políticos y detenidos desaparecidos (o "reaparecidos" a disposición del P.E.N. -poder ejecutivo nacional-) y no hubo ningún intento o plan conocido de intrusión o fuga; el penal era inexpugnable; cinturones de clavos de acero cerraron durante más de una década a las calles Pedro Lozano, Desaguadero y Nogoyá,
y vallas en zig zag, además de la suspensión del tránsito de colectivos hizo crecer el pasto entre los adoquines de la calle Bermúdez, el frente mismo de la penitenciaría; mientras pick ups con milicos de armas largas y reflectores patrullaban en un radio de más de diez cuadras. En 1978, se produjo el llamado "Motín de los Colchones": centenares de presos tomaron los pabellones que dan sobre Nogoyá
y prendieron fuego a los mismos ante un frustrado intento de toma y luego fuga, para evitar la represión de los guardias: no hizo falta, el humo y el fuego (anque alguna balita perdida) hicieron lo suyo y unos 70 internos pasaron a mejor vida. He vivido unos veinte años a menos de ciento veinte metros de la U2 y otros diez en el barrio; mis padres más de cuarenta y cinco: Helicópteros con "soles de noche", desnudando techos y azoteas ante la menor alarma, reflectores que bañan el barrio en 360° registrando el menor movimiento, detección en numerosas ocasiones de túneles cavados desde casas alquiladas, tomadas o abandonadas de la calle Desaguadero, iluminación "a giorno" las 24 hs.; severos cntroles de acceso para propios y ajenos, proveedores o visitas, que nunca se relajaron lo suficiente, hicieron de los muros de "La Gayola" una barrera casi insondable para ningún mortal, por osado que fuera; y el Gordo Valor se rajó por la entrada principal, descolgándose de una sábana anudada de siete metros (de película), a plena luz del día, escrachado por las cámaras de seguridad de la Shell del gallego De La Cruz; sobre una calle con tres líneas de colectivos, incesante tránsito, muchos comercios y atravesando sin gastar un cartucho la guardia de seguridad, muros, garitas, rejas y decenas de tipos armados con FAL, PAM, pistolas, etc... ¡¡Andaaaaa!!!!!!

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