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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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viernes, septiembre 16, 2005

Y parece mentira pero todavía...

...no hay calles que recuerden las víctimas, históricas, de los dos acontecimientos que sucedieron este mismo día, un mismísimo 16 de septiembre, de diferentes años de nuestra historia argentina.
Primero, allá por el de 1955, cuando faltaban un mes y un día para que se cumplieran diez años de aquellas horas en que millones de pies bañaron sus cuerpos en la hoy hiper-bloqueada Plaza de Mayo, se produce el ignominioso golpe de estado al gobierno democrático de J.D. Perón, por parte de la, aún hoy, mal llamada "Revolución libertadora".
¿Te imaginas, se imaginan, una calle bautizada "Revolución libertadora", así como hay tantas otras que premian, por ejemplo, a golpistas como Uriburu o Justo? ¿Llegaremos a rozar las paredes de la imaginanción extrema como para poder concebir calles con nombres como "I. Rojas" o "J.P.Aramburu", cuando hoy por hoy, por lo visto, mucho se ha naturalizado también la atroz realidad de que haya calles con ilustres chapas de golpistas, genocidas, policias represivos hasta los dientes, oligarcas que vaciaron las arcas del estado del pueblo para de esa forma poder quedarse unos días más en, la siempre divina, Paris? En fin, siempre vale la pena, a este respecto, hablando del segundo golpe de estado "oficial" de nuestra sangrienta historia, recordar aquella frase de Jose Pablo Feinmann (como dijo J.Lanata, el que escribe libros, no el que los quema) de que "la `Revolución libertadora´ no fue ni revolucionaria ni libertadora". Fue, lamentablemente, y hoy no se recuerda ese lamentable hecho tanto como se debería.
Segundo: hoy se cumplen, como todos/as sabemos, 29 años de la llamada "Noche de los lapices"; es decir, de unos de los innumerables actos genocidas de la ùltima genocida dictadura militar, en la que ésta secuestró a siete estudiantes secundarios, seis de los cuales todavía, hasta el día de hoy, permanecen desaparecidos.
¿Puede ser, super-estrucutalmente hablando, que todavía no tengamos una calles con el nombre de cada uno de ellos? Siete calles que los recuerden hoy y para siempre; treinta mil calles que recuerden a nuestros treinta mil hermanos y hermanas asesinados/as por pensar, luchar, y, al fin y al cabo, dar lo último que tiene el ser humano, la vida, por un país distinto; nuevos nombres para viejas calles, para todas aquellas personas que desde la primera independencia del país (todavía estamos a la espera de la segunda ¿no les parece?) lucharon desde las trincheras de los desposeidos, de los explotados, de todos aquellos que no tenían, ni tienen, amigos para que sus nombres luzcan, altos y metálicos, en las esquinas de las calles. ¿Puede ser? ¿Realmente puede ser?
Terminando, desde este lugar, y siempre teniendo presente el papel que desempeñan esos aparentes inofensivos palos lánguidos, quietos y con nombres que se paran cotidianamente en todas las esquinas de nuestros respectivos barrios, recordamos a los que así lo merecen, y proponemos (¿luchamos?) porque el día de mañana (¿mañana mismo?) haya postes callejeros y esquineros pintados con los nombres de las personas que sufieron en este día a dos dictaduras distintas, anacrónicas, pero que sin embargo respondieron a una misma lógica. La irracional, animal, lógica de arrasar con todo lo que se les oponía, con todos/as los que le levantaban la voz, en fin, arrasar (hasta, se podría decir, con algunos molinos con nombres que les recordaban diariamente que nunca iban a tener perdón ni olvido ni reencuentro por lo que estaban haciendo).
Hasta siempre.
Estanislao Balder.

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