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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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sábado, febrero 25, 2006

Gritos de Piedra I




Como manos, garras, estiletes o dagas; como flores, hiedras, celosías o pasiones; la ciudad se proyecta desde sus cimientos y los empedrados elevan su grito, su clamor desesperado por testimoniar, pertenecer, permanecer, prevalecer... en el bosque de granito, todos pujan por llegar al sol: La Reina del Plata, ciudad prolífica si las hay, nos brinda espectáculos sobrecogedores en esquinas insospechadas, hay aquí algo de su arte, de su estilo, y de la pasión, locura, demencia o mediocridad de los que lo crearon... ¡Pasen y Vean!


En 1935 y, como proyecto del Diputado Alfredo Palacios, se comienza la construcción de lo que iba a ser un gran Centro de Hospitalización de Tuberculosos. Se eligió la Av. Cárdenas en Mataderos, muy despoblado en esa época y, aún hoy, más de 70 años después, sigue siendo la edificación más preeminente de la zona. Contraste de crecimiento y caída; desarrollo y saqueo; opulencia de un estado muerto y brutal actualidad de una sociedad arruinada... Hoy, señorea sobre Ciudad Oculta y, mientras se convierte en un nuevo albergue Warnes, tiene una salita sanitaria donde algunos héroes de la medicina (en la planta baja) tienen montado un verdadero hospital de campaña. Quizás alguien se ilumine y se convierta en el Nuevo Salaberry (más piedras muertas)... y que no me vengan con boludeces de estructura, que cuando hay guita de por medio... basta ver cómo convirtieron al edificio de La Nación en el Bouchard Plaza, o mejor aún, las torres gemelas de Villa Luro, en Donizetti y Av. Rivadavia: más de 30 pisos de hormigón perlado y abandonado, sin tocar ni revestir y sufriendo la misma intemperie por casi 40 años, para eso existen estructuralistas, calculistas, vamos eh!...






La ciudad de la furia no se detuvo ante ningún absurdo: Racing e Independiente, dos rivales, un barrio -Avellaneda- y dos estadios de cemento para mucho más de 55.000 espectadores, separados por 200 metros!! (En la foto, de 1949, se está construyendo el de Racing y al de independiente le falta la tribuna Cordero todavía)... Un despropósito de las pasiones encontradas. Hoy en la cancha de la doble visera entran unos 59.000 espectadores y en el Cilindro de la Academia más de 70.000... desmesura.


Esquina de Perú y Belgrano, un edificio nos sorprende y deslumbra con la altura (para su época), sus cúpulas gemelas, sus líneas inquietantes, de un trabajo pocas veces visto en la ciudad, es el Otto Wulf, joya del art noveau plasmada por un arquitecto danés. Terminado en 1912 y conocido en Monserrat como "La Virreina" (a la derecha, detalle); su primer propietario fue el magnate y armador naviero Nicolás Mihanovich. Hoy pese a su gran deterioro y abandono, electriza la presencia de sus 10 plantas (equivalentes a más de 16 pisos modernos) y sus castigadas cúpulas; transmiten un siniestro magnetismo que atraviesa el tiempo y lo mineral (Debajo, planta por ambas calles)





En la cumbre del art noveau, con sus detalles barrocos y renacentistas, el Palacio Barolo sobre el célebre pasaje homónimo que une Av. de Mayo con Irigoyen, es uno de los hitos arquitectónicos más hermosos de Buenos Aires; sus pisos, cada uno representando la obra de Dante, terminan rematados en un faro que, junto con el del City Hotel (hoy derl grupo NH), fueron luces que resplandecían en el horizonte del Plata, cual brújulas mágicas que atraían a la ciudad insomne, palpitante. Arriba inquietante vista en un día gris, abajo, detalle de buhardillas, pizarras y cornisas.


El Kavanagh, (centro, abajo) el coloso de la barranca. En una ciudad donde el art-decó ha hallado tantas expresiones bellas en arquitectura: el edificio Safico, el Transrradio, el teatro Opera, el Gran Rex, decenas de edificios como los de Callao al 500... encuentra en él a su obra cumbre Durante décadas fue el punto culminante de Buenos Aires y el rascacielos en cemento y hormigón más importante de Latinoamérica, digno de erguirse en cualquier esquina de Manhattan. Pero su línea y elegancia sólo condecían con La Reina del Plata y señorearon en Retiro por años...

Hoy todavía conmocionan a la vista la elegancia de sus aristas, la osadía de su diseño, su clase y estilo... retadores continuos de los mejores paladares a la hora de decidir por la exquisitez en la construcción porteña.
(Abajo derecha, remate de sus pisos superiores vistos desde Plaza San Martín).


El "Alas" (al pie, derecha). Mítico señor de las alturas porteñas hasta la década de los noventa (posiblemente el reinado más largo), solo superado en los ochenta por una estructura (la torre de Interama), no por un edificio. El largo y delgado rascacielos, combina estertores del art decó con ciertas características de la arquitectura monumentalista o neoclacisista, una de las líneas de edificación durante el temprano peronismo (junto con el "chalet californiano" y los primeros monoblocks). Plagado de leyendas, como los supuestos túneles que desde su bunker llevaron a Perón a la cañonera "Paraguay" cuando fue derrocado; fue el primer edificio porteño en superar los 40 pisos y durante mucho tiempo lo coronó la antena de un canal de televisión abierta.

El primer gran shopping de la argentina, sentó sus reales en el corazón de Palermo viejo clásico, todos sabemos a cuál nos referimos; la fisonomía de este confín de Barrio Norte (que en realidad da su nombre a zonas de Retiro, Recoleta y Palermo), cambió dramáticamente y, dominando con su agresivo poerfil del siglo XXI y sus agujas estilizadas, las esclusivas torres del Alto Palermo Plaza, observan sus dominios desde la plaza Las Heras hasta los confines del río (debajo, derecha).


Catalinas Norte. Bosque de vidrio, acero y cristal; el salto de la metrópolis conservadora y dormida a la megalópolis cosmopolíta, vibrante de hoy. Hacia principios de los setenta, marcaron -casi sin proponérselo-, el divorcio definitivo con el río: la ciudad, cerró su horizonte y el sol se elevaría sobre los ventanales que de reojo atisban las aguas color león. El pujante polo financiero corporativo, se iba a replicar en innumerables torres en la década del los '90 (el Fortabat, el edificio de Pelli para Telefónica, el de Telecom...) y sobre Puerto Madero y sus diques en el primer lustro del siglo XXI. En las fotos, amanece contra el azul de cristal del edificio Boston o Catalinas II y el marrón de Heidycril (izquierda)
del Techint o Catalinas I, se perfilan el de IBM y las Torres Consultatio. (derecha)



La mole de Le Park (140 mts. casi 60 pisos), es un exclusivo y reservado refugio para adinerados conciudadanos que decidieron habitar los lares de Palermo (debajo, centro: su preeminencia vista desde la distancia de Costanera Norte, a la altura del Club de Pescadores). Su silueta, que empequeñece cuanto la rodea, es omnipresente: desde aeroparque, desde los bosques de Palermo, desde Villa Crespo, desde los confines de Belgrano... Sinónimo de la opulencia de la que disfrutaron unos pocos durante los '90, la nómina de su consorcio se plaga de nombres de la farándula más selecta, de notorios corruptos y de poderosos financistas; de un estilo totalmente funcionalista, discute con las torres El Faro, el podio de techo de Buenos Aires (hasta que don Franco Macri termine sus torrecillas en la Costanera Sur...)



Sin embargo, el punto culminante está en el sur de la ciudad, porque el sur también existe... Efectivamente, con los 215 mts. que con su antena alcanza la Torre Espacial del Parque de la Ciudad, es -pese a estar en los terrenos más bajos de la Capital-, su punto culminante; con una altura (en su observatorio) equivalente a un moderno edificio de 70 pisos. Un lugar clave para comprender la magnitud de este estilete porteño, es la intersección de Rivadavia y San Pedrito: mirando hacia el sur en esta encrucijada de Flores, se aprecia, en una perspectiva real por la distancia, el señorío de esta estructura. (Debajo, derecha)

Como un chichón de otro mundo, tal como correspondía, el Planetario Galileo Galilei fue inaugurado a principios de los '70, cuando rugían aún los Saturno V que impulsaban a las naves Apolo. Esta hermosa expresión arquitectónica es aún hoy de visita obligatoria, para solazo y asombro de grandes y chicos. (Debajo, izquierda)














Por último, nuestro inmanente símbolo fálico: El Obelisco (aunque qué raro, si lo metimos en la "más ancha del mundo", ¿por qué no fue el más "groso" del mundo?; claro, después viajás a Washington y te das cuenta por qué los yankis nos rompen el culo, ¡eso es un obelisco!); muchos sabemos que se inauguró en 1936, cuando se ensanchada Corrientes, cuando se tiraba todo a la mierda (cuando no) para hacer la Diagonal Norte; cuando se terminaban de construir tres líneas de subte a la vez (hecho que no se repetirá hasta nuestros días); lo que pocos saben, es la cantidad de querellas que la intendencia de entonces tuvo que enfrentar (por antiestético, peligroso, obseno, burdo, etc.) seriamente en los juzgados y que pretendían su demolición aún después de finalizado... El motivo de su estreno, fueron los 400 años de la primera fundación de la ciudad y la plazoleta que lo enmarcó, pasó a la historia como Plaza de la República. De dudoso valor estético, nadie puede discutirle que se ganó un lugar de honor entre las protuberancias con relieves históricos en Baires: desde las ventanitas de su observatorio pusieron fin a sus días unos cuantos saltinbanquis que se quisieron ir al otro mundo sin pasar desapercibidos, lo que llevó a mantener cerrado su acceso durante años (hoy es por el vandalismo); desde su punta se tendió una cuerda floja al Colón, para que unos alemanes del tomate hicieran acrobacias para un público ávido de caídas; en un curioso ritual, que se podría decir comenzó con las celebraciones de la obtención del infame mundial '78 al grito gil de "el que no salta es un holandés", a su sombra se celebraron campeonatos mundiales, continentales y vernáculos; su silueta hizo de telón a multitudinarios actos políticos luego del '82, desplazando a Plaza de Mayo en los números; a sus pies se amó, se mató, se destrozó, se afanó (las placas de broce), se quemó (el cajón de Herminio)... se le puso un anillo de chapá circular que decía "el silencio es salud" en los setenta, por ser el punto más ruidoso de la ciudad, se lo disfrazó de arbolito de navidad, se lo cercó con verjas, se lo garabateó con grafitis, ese le colocó un forro de su talla... bajo su ojo ciclópeo se oyeron las promesas de De La Rúa, se corrió más de una maratón, se fotografió a miles en pelotas... Señores hasta aquí nuestros primeros gritos de piedra: hay más.

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