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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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sábado, febrero 18, 2006

Piedras muertas ("Son aquellas pequeñas cosas...")

Las imágenes que hoy traemos para compartir, son ausencias... festejadas o añoradas, ya no están. Se trata de hitos que jalonaron estos empedrados, tu vida, la mía, o la de nuestros ancestros. Estas construcciones, su rol en nuestra sociedad, su proyectualidad, su diseño, su funcionalidad, sus mitos y leyendas; fueron una presencia cotidiana para alguna de las generaciones de los que aún estamos vivos. Forman parte de una historia más o menos reciente y solo se comprende la fuerza y el dramatismo de su ausencia, cuando volteamos y no nos terminamos de convencer ni de aceptar el fin de esas omnipresencias... es que posiblemente se han llevado algo nuestro... o mucho; ni siquiera por tener que ver con nuestro tránsito, solo por el simple hecho de recordar qué hacíamos cuando allí sucedió algo o a dónde nos dirigíamos cuando desfilábamos ante sus veredas o sendas. Hoy, son solo recuerdos para chamuyar a los pibes cuando nos agarre la chotera. Algunas de éstas son mis ausencias otras quizás las tuyas y si no lo has vivido por tu juventud... ¿cuáles pensás que serán tus piedras muertas?




Vista desde la Plaza Britannia hacia el sur, son fines de los años '30. Catalinas Norte no existe, en lugar de sus rascacielos solo hay aire del río; a lo lejos se ven los techos del palacio de correos y a su derecha el edificio Comega, cuyo restaurante en el último piso es una atractiva alternativa dado que brinda una panorámica que alcanza hasta la costa uruguaya del río. Donde hoy se halla el Sheraton (o la torre Techint) vemos al predio del Parque Japonés, primer gran centro de atracciones electromecánicas del país. Ya sufrió un devastador incendio en el '10. Luego se quemó su magnífica montaña rusa, cuyo centro era una réplica del volcán Fujiyama y de donde surgían los carritos en caída libre... se lo cantó en letras de tango ("Garufa") y fue durante décadas un lugar de recreación y emociones para casi todos los porteños, hasta los más humildes.

En los primeros años del siglo XX, el ferrocaril del oeste (línea Sarmiento)tenía un ramal que, abriéndose desde un andén de los talleres de Liniers y después de una prolongada curva, corría por lo que hoy es la calle Irigoyen hacia los barrios de Versailles y Villa Real, llenos de chalecitos de trabajadores del ferrocarril, muchos petit hoteles de empleados ingleses; que estaban separados por extensos pastizales y quintas de los incipientes nucleos de lo que hoy es Devoto y Monte Castro.
El trencito que corrió hasta entrados los '50, trasportó hasta 7000 pasajeros diarios por aquel ramal. Sus estaciones se mantuvieron en el tiempo y, hasta los primeros '90, en el predio que comenzaba en Tinogasta e Irigoyen, se hallaba la antigua estación Villa Real, que se utilizaba como predio de estacionamiento de omnibus (bondis); el lugar estaba tapiado, frente a la gran iglesia y escuela evangélica ECEA. Hubo múltiples promesas de convertir el solar en un sitio histórico/cultural y restaurar la estación; pero como todo lo ocurrido durante la década ultrainfame, se vendieron los terrenos a manos privadas (en dudosas transacciones durante la intendencia de Grosso y, al igual que donde se hallaban los simuladores de vuelo de Aerolíneas Argentinas (frente a la plazoleta de Ceferino Namuncurá, en Versailles), se construyeron complejos de pequeños barrios cerrados...
El esqueleto de hormigón de más de 10 pisos de altura de lo que seguramente se iba a constituir en el mayor complejo hospitalario pediátrico de latinoamérica, testimonió, como otras obras públicas abandonadas, que la "Revolución Libertadora" y los sucesivos gobiernos gorilas que prosiguieron su cruzada antiperonista, no solo cometieron imbecilidades como la de prohibir la mención del nombre del líder justicialista, sino actos más irracionales (además de los criminales), como los de abandonar todo emprendimiento del gobierno de Perón sin importar su grado de beneficio y viabilidad ni su etapa de ejecución (en realidad, para la lógica conservadora era un acto racional que retrotraía las cosas a 1930). Con el tiempo, el complejo de dos gigantescos edificios de varias alas, se convirtió, en el corazón de las barriadas de la Agronomía y Paternal, en una villa miseria vertical de las más promiscuas, donde centenares de desplazados sociales por las distintas crisis económicas y sin techo, se mezclaban con habitantes de villas ya consuetudinarios que encontraban más tentador este sitio y con muchos malandras que lo usaban de aguantadero, así como de marginales que destrozados porla droga o el olvido se apiñaron en la más estigmatizante de las miserias y suciedades. La supuesta caducidad de sus estructuras para ser terminadas, la preocupación de lso barrios burgueses por esa infección en su corazón, la misma desesperación de los hacinados a cielo abierto, firmaron la sentencia de muerte: ávido de nuevos negocios, el intendente Grosso implosionó los edificios en 1991. Los habitantes (o parte de ellos) fueron ubicados en un barrio superprecario construído al efecto (e insuficiente en cantidad de viviendas), que pronto se mimetizaría con las extensas villas miseria del lugar: el "Ramón Carrillo" (pobre ministro, se habrá revuelto en la tumba de la impotencia). Pocos podremos olvidar todo lo que significó la visión del fantasmagórico complejo: despojos de lo que pudo ser y no fue. Hoy usufructan el lugar el grupo económico Carrefour y su par Cencosud, a cambio de algunas monedas y una escuela comenzada luego de varios años de dividendos en el 1 a 1...

Cuántas emociones de ojos de niños, cuántas "rabonas", cuantos besos robados, cuántas noches de diversión compartidas con la muchachada. Heredero del Parque Japonés, el Ital Park (en los terrenos que hoy ocupa el Parque Thais -por el arquitecto/paisajista que tantas obras realizó en Baires); volvió millonaria a la familia Zanón y se convirtió, por décadas, en el centro de diversiones más importante de la ciudad. Soportó el desafió del mejor momento de Interama/Parque de la Ciudad y se renovó con frecuencia hasta pasados los mediados de los '80... Otra vez el estigma de la década ultrainfame: el deterioro del poder adquisitivo, el relajo en los controles de seguridad, la coima... la tragedia del "Matterhorn": junto con el vehículo de aquella atracción (que costó una joven vida), volaron todas la prevendas que, durante tantos años habían mantenido a los hnos. Zanón, en la conseción de uno de los predios más privilegiados -por su ubicación- de la ciudad de Buenos Aires. Hoy es un espacio verde más, un poco insulso, en un lugar donde ya existían extensos espacios verdes... la sensación de vació en Callao y Libertador, es grande para varias generaciones.
Frente al Botánico -una de las creaciones de Thais-, en Plaza Italia, se hallaba esta estación de tranvías que perduró mientras estos rodaron por la ciudad, o sea, hasta que el primer gran depredador de los raíles (Frondizi, solo igualado y superado por Menem), les bajó el pulgar por considerarlos obsoletos, ruidosos, obstaculizadores del tránsito y peligrosos (no como los giles de muchas de las grandes ciudades del primer mundo, que no se avivaron que el futuro de la solución de esos problemas era el bondi!). Hoy en día en ese lugar, se levanta la sucursal de la zona del Banco de la Nación Argentina.
La infame cárcel de Las heras. Sobre la Avenida homónima y entre Coronel Díaz y Salguero, se levantó esta gayola hasta 1962. Un grano de pus en el barrio de Palermo (como la U2 para devoto); tuvo entre sus pupilos célebres a Santos Godino ("el petiso orejudo") y aquilató célebres fusilamientos como los del joven anarquista Severino Di Giovanni y el Gral. Valle. Su ausencia, en este caso, es una brisa de aire fresco. Ocupaba casi con exactitud los terrenos de la actual Plaza Las Heras, mucho más saludable para el barrio, sus vecinos y transeúntes...




El viejo gasómetro (1916-1979), corazón de los cuervos en el barrio de Boedo. Hacia fines de la década del '30 albergaba 75.000 espectadores e inauguraba su iluminación oficial, por lo que fue sede de partidos de la selección nacional en numerosas ocasiones. Claro, sus alambrados y tablones -que depararon más de una desgracia- precarios para semejante convocatoria; la mala administración del club y su casi quebranto, llevaron al desguace al estadio (así denominado en los veinte por su parecido con los gasómetros de fuelle) y a la posterior venta del predio, con gran dolor para los azulgranas que, durante casi quince años, sufrieron el destierro y el gaste de los rivales por su condición de parias. Hoy se alza en el predio, como todos sabemos un hipermercado (caramba, otra vez Carrefour!) y, más allá del histrionismo del personaje que muestra, no alcanzo a imaginar lo que habrá sentido Sanfilippo cuando parado frente a una góndola le dijo a su mujer: "ves, vieja; desde acá lo emboqué a Roma y le ganamos a Boca"...

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