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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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sábado, marzo 04, 2006

Empedrados que parecen pero no son (o que no fueron)



Buenos Aires está lleno de lugares que parecen otra cosa, que se conocen como otra cosa, o que fueron algo totalmente distinto a lo que son. Algunas transformaciones las hemos visto, otras las conocemos de oído o por fotos, otras las ignoramos. Veamos entonces algunas de ellas.


La Casa Mínima - San Telmo

Así conocida y publicitada, la casa mínima se encuentra en San Telmo, en la calle San Lorenzo 380, casi llegando a Defensa, al lado del restaurant de la esquina. Se dice que fue la casa concedida a un esclavo o liberto por su amo para formar su familia y vivir con mayor comodidad. Curiosa forma de llamar a un sucucho que tendría unos 2,50 mts. de ancho por 13 mts. de largo. En esa mansión la distribución de los ambientes sería la siguiente: Un entrepiso de tablones sobre la única puerta, sería un cómodo dormitorio (el de todos los habitantes); en la planta baja, una mesa y algunas sillas viejas (si el amo tuvo ganas de regalarlas) y un brasero o fogón. De todas formas he conocido monoambientes en barrio norte menos espaciosos.
La verdad es que nada de esto es cierto. La puerta que se ve es la vieja entrada lateral de uno de los dos conventillos contiguos que ocupaban el terreno del restaurant y de la suso dicha casa mínima que no es otra cosa que una parte del mismo terreno (aún hoy pertenecen al mismo dueño). Lo que se dice una fachada (literalmente).

Para saber más, click sobre el título.
Si hay alguien que sabe qué hay debajo del suelo que pisamos cada día ese es
Daniel Schávelzon: "Arqueología de Buenos Aires" Emecé. 1999. Éste sabe la posta.



Parque Los Andes - Chacarita


Conocido como Cementerio del Oeste por mucho tiempo, este parque, en el que confraternizan los habitantes de Chacarita de los Colegiales, Villa Crespo(cruzando las vías) y muchos transeuntes diarios u ocasionales, fue el último destino de las víctimas de la fiebre amarilla de 1870. Años después, la necrópolis se trasladaría a su actual emplazamiento. También fue el último servicio que cumpliría la famosa máquina de tren La Porteña. El convoy constaba de la famosa máquina, seguido de tres vagones abiertos de los que se usaban para llebar el carbón que alimentaba la caldera de la máquina. El primero llevaba el indispensable combustible, los otros estaban llenos de cuerpos y tapados con lonas. La gente que vivía cercana a las vías o la que se cruzaba por casualidad con tan dramático y nauseabundo espectáculo se tapaba la cara con lo que tuviera a mano o huía despavorida para evitar el contagio. El inglés que la conducía(como no podía ser de otra manera en aquella época), murió víctima de la misma peste que llevaba y traía cada día, al igual que dos fogoneros. La fiebre amarilla se cobró cerca de 14.000 vidas, de las cuales 9.000 apróx. eran inmigrantes que vivían en conventillos asquerosos como el que había en el Zanjón de Defensa. La mayoría de esos 9.000 eran italianos y no se parecían en nada a los anglosajones que nuestros gobernantes pretendían.

El lugar fue transformado a fines del SXIX en parque y la necrópolis desplazada a su actual ubicación. Por allí pasó una de las dos fuentes mellizas que adornan sendas plazoletas en la Av. 9 de Julio y Av. Córdoba. Allí se encuentra una escultura llamada "Los Andes" cuya representación consta de tres aborígenes; un ona, un araucano y un calchaquí, alegorías de la Patagonia, los Andes y el NOA.

Si el silencio y la quietud de los cementerios hace que los difuntos descansen en paz, los que allí fueron enterrados no descansan hace ya muchísimos años; el subte, Corrientes, Dorrego y los bondis; la feria, los chicos, los novios, los que están de paso. Ese lugar tiene de todo menos silencio y quietud. Ya están advertidos, nunca viajen solos en el subte B entre las estaciones Dorrego y F.Lacroze, pudieran encontrarse con el espectro del inglés maquinista que estraña los trenes.

Continuará...

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