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Empedrados de Buenos Aires

Así como el asfalto esconde al viejo empedrado de las calles, la historia oficial esconde ese empate de olvidos y recuerdos que forman la memoria colectiva de nuestro damero urbano. Este weblog de voces múltiples nos habla de un espacio en común habitado por mundos a descubrir ¡vamos a andar!

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domingo, octubre 29, 2006

Primavera Porteña

Como buenos porteños que somos, la mayoría de nosotros queremos sol cuando llueve pero no soportamos hacernos vuelta y vuelta como un buen bifazo de chorizo...
Primavera porteña. Ni bien hace más de 20ºC la gente se apiña en las plazas y parques o sube a la terraza para tirarse al sol cual lagartija, incluso en las terrazas con membrana asfáltica, lo que permite quemarse de arriba y de abajo al mismo tiempo. Este clima normalmente tiene su explicación en movimientos de aire que vienen desde el cuadrante delimitado por el O y el N (no lo tomen como algo absoluto). Pero claro, si el termómetro sube por encima de 33ºC y la presión baja, con la humedad relativa ambiente de Baires, nunca menor al 50%, el día se pone insoportable, a no ser que estemos en algún lugar con aire acondicionado. Entonces la balanza del ciclotímico que todos tenemos dentro (heredado de nuestros nonos tanos) inclina el fiel de la balanza y queremos que llueva y que refresque un poco. Obviamente, así no se puede vivir. Esto se debe a que esas masas de aire ahora rotaron, y vienen del cuadrante N-NE. Entonces los vientos rotan al famoso cuadrante E-SE y...¡Agarrate Catalina! se nos viene encima una poco simpática sudestada. Tormentas eléctricas, crecida del Río...lo de siempre. Caen 200 mm en 30 minutos; el Maldonado, el Sildañez, el Vega, el Medrano, el White...el Reconquista, Quilmes, el Docke, el Matanza, el Tigre. Calles inundadas de bote a bote, árboles caídos, bondis que parecen lanchas anfibias de desembarco...En fin, un sin número de trastornos y complicaciones. Dos, tres, cuatro días así y el fiel de la balanza para el otro lado. Todos rogamos que el viento cambie al S-SO y un fresco Pamperito se lleve toda esa mufa del cielo. Y San Pedro se toma su tiempo pero nos da bola. Refresca, se despeja el cielo, sale el sol...Está fresco, si, pero por fin volvemos a tener un maravilloso día peronista.

La experiencia de ser porteño (y de ser humano) incluye luchar contra el tiempo. Regla de oro Nº1: no le des bola al pronóstico del tiempo. Si dice que va a refrescar y a llover ni se te ocurra salir con paraguas y algún abrigo. La temperatura seguro llega a 36ºC y el sol va a rajar la tierra. Y si dicen que va a ser un precioso día, templado y agradable, sospechá. Lidiar con baldosas flojas es ya un clásico. Cuando no llueve hay que soportar a los encargados de edificios que baldean la vereda a las 7 AM. Siempre te dejan alguna baldosa bien cargadita para que no pierdas la práctica. Ahora cuando llueve...esa si que es toda una experiencia!
¡A lo paragua(sic)!¿Paragua señor?¿Paragua señora?¿Paragua muchacho?¡A die pesito lo paragua!¡Vamo que me quedan 3 nomás!¡A lo paragua!...
Y vos, linda(supongamos lector que eres una joven porteña medio pelo cercana a los 30 años), pensás: ...y bueno, de última si llueve mucho compro uno y listo...
Pero más vale que si comprás uno, cuando cruces la 9 de Julio o Alem lo cierres y te mojes. Porque si no, más que Mary Poppins (subdesarrollada y sin el deshollinador) vas a parecerte a la bruja Cachavacha con la escoba averiada.
Y eso no es todo. No. La señora mayor con paraguas, grande como los de promoción, que te ve sin paraguas, pegándote a las paredes y tratando de caminar por debajo de toldos, balcones y cornizas para no mojarte, te va a disputar esa brecha. Y si no le hacés lugar, te vas a quedar tuerta con alguna punta del paraguas. LLegás a la esquina y esperas debajo de la ochava a que algún conductor frene y te dé paso. Y, vas a esperar hasta el día del Juicio Final. El señor viene con su 0Km. con el aire acondicionado puesto, el limpiaparabrisas en la velocidad más adecuada...Está cómodo. Y más que una máquina, maneja un arma letal. Y lo sabe. Y la ley de la selva dice que el más fuerte se impone al más débil. Así que te hace sufrir lo que él sufre con los colectivos. Y hablando de colectivos... De colectivos, de taxis, de motos...Los charcos están para pisarlos. Y para salpicar. Más rápido pasás, más salpica. Y los porteños siempre queremos ser más. ¿Vos te preocupabas por las baldosas flojas?¡Cándida!¡Inocente!¡Tierna!
Seis cuadras y llegaste a la parada del bondi. Olvidate de los taxis. En días como estos siempre están ocupados. Siempre llevan gente. ¿Pero dónde subió esa gente? Si vos no ves ni un sólo taxi que no esté ocupado. En fin, llegaste a la parada. El primer bondi no paró. Lo viste cuando lo tenías muy encima y el bondier se hizo el dolobu. No te vio. Pasó mirando para dónde vos lo estabas parando; pero no te vio. El parabrisas empañado, la franela reglamentaria sucia y engrasada no limpia bien, las calcomanías del Pato Morresi y el Tolo Mouras, el perrito que mueve la cabeza, el escudo de Chicago. Imposible, no te vio. Paciencia, ya vendrá otro. Pasaron sólo 30 minutos y vino el segundo. La lluvia, las complicaciones del tránsito; el otro venía adelantado. Éste viene atrasado y hasta la jeta. El parabrisas más empañado pero te vio. Puso cara de circunstancia y no paró. Y la puta lluvia que no para. ¡Que va a parar! Es una preciosa sudestada, con vientos huracanados, truenos, relámpagos...casi reglamentaria...¡De la hostia! diría un español. Pero si en este ispa lo que mejor anda es el tiempo. La gotas de lluvia, cuando caen en los charcos, hacen burbujitas. No va a parar. Seguís esperando. Estás mojada hasta las rodillas. Tus zapatos hacen burbujitas, como los charcos. Está empezando a refrescar mal y te estás empezando a cagar de frío. Más vale que ese puto bondi llegue rápido. Y llega. La tercera es la vencida, pensás. Esta ves esperaste sólo 10 minutos. Osea que llevás más de 40 esperando y mojándote. El bondier para, pero está apurado. No arrima mucho al cordón. Para justo donde termina la zanja que está así de ancha. Si te estirás no llegás, si saltás te matás. Y bueh...ya estás mojada hasta las rodillas. Te decidís a pisar en la zanja y mojarte más. El bondier está apurado y acelera el motor como si estuviera jugando con un taladro...¡Brum, brumm, bruuummmmm!!! resopla el motor. Cuando emprendés la carrera, un tipo que venía caminando por la vereda y mojándose se apura para pasar antes que vos y casi te deja culo p´arriba. Sobreviviste. Subís al bondi y pedís de 80. Pagás con un poco de esfuerzo y paciencia porque las monedas se mojaron y la maquinita está en estrella. Hay gente parada, pero por allá ves algún asiento libre. Y si, alguien no cerró la ventanilla y se mojó todo el asiento. Hacés de tripa corazón, ya estás mojada y recordás que tenías unos pañuelitos de papel. Sacás los últimos dos, cerrás la ventanilla, secás y te sentás. ¡Por fin!!!! Pero no. El bondi es un colador. Chorrea agua para adentro por todos lados...
Ya conocés el final. Con sólo decirte que a las 9 PM te sentís como el orto, estás moqueando a chorros y recordás que usaste los dos últimos pañuelos para secar el asiento. Pero todavía tenés papel higiénico y servilletas. Baires es así. Ya estás acostumbrada. No es la primera vez, ni será la última. Puteas bajito pero recordás lo que viste y sentiste desde arriba del bondi cuando desempañaste un circulito de la ventanilla, y después cuando bajaste y ya caminabas por el medio de la lleca, en el rioba, abajo de la lluvia que sigue cayendo impunemente, como todo en este país. El olor de la tierra y el pasto mojados, el aroma de los tilos y de los jazmines y de las enredaderas, esas que nunca sabés cómo se llaman. El lila de las flores (¿no eran celestes?) de los jacarandáes, en los árboles y en el piso; las esterlizias, las rosas y tantas otras plantas que están floreciendo y coloreando las calles y los jardines. Cuánto verde, cuánto color, cuántos aromas te regala Baires. Si, ya sé. Siempre están el humo de los escapes, los olores de las fábricas, del Riachuelo, del asqueroso que se caga en el asensor o el bondi, del tachero que no se baña, las veredas sucias y rotas, los automovilistas, los peatones...la gente (siempre en 3º persona). Y Buenos Aires, la París de América, la Reina del Plata, la Divina Comedia, la noctámbula...la que vivimos y sufrimos cada día. Buenos Aires es todo; ésto y aquello.
Pero no temas, no hubo mal que durara mil años. Y Baires no es la excepción. Tomate uno de esos tesitos para la gripe, por las dudas, y andá a acostarte temprano. Ésta es también la Buenos Aires de Pocho y mañana... mañana seguro va a ser un espléndido día peronista.
¡Que descanses!!!!

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